Despacio, como despertando de un largo letargo, mis manos comienzan a soltarse pero mi cerebro todavía permanece dormido. La luz me aturde pero la noche me ayuda a mitigar tanto deslumbramiento. Languidece un año lleno de proyectos que van tomando forma no sin esa maldita rémora de las cosas inconclusas. Me hago fuerte pero no sé dónde está el límite. A veces lo adivino cercano y amenazante. Es entonces cuando tomo aire, aguanto un poco más y sé que soy invencible.
No hay respuestas aunque apenas hay preguntas. Sólo camino por el que avanzar y aunque nadie me mostró la meta, ya no puedo salir de una senda que me lleva por territorios oscuros aunque entre la frondosidad del bosque creo ver luz. O quiero creer. Que nadie ose despertarme.
Te digo adiós sin rencor, pese a que podría odiarte. Despierto con la firme intención de continuar hacia adelante sin mirar atrás. Temo asustarme de lo que vea.
