Hoy mi barco ha encallado en la isla de los sueños inconclusos. Me habré despistado en la inmensidad del blanco de mi techo desde donde se reflejaba la única estrella que asomaba por la ventana. Aprovechando la escala forzosa, he ido hasta el pozo donde dormitan mis metas lejanas, esas que un día dieron sentido a una vida que hoy intuyo difusa.
Hubo una vez que quise bordear Menorca en kayac, ascender al Kilimanjaro en calzones cortos, como un día hiciera en el Perdido. Quise degustar un menú en el Bulli mientras Chet Baker me masajeaba las orejas ante la lánguida presencia de Sade. Deseé que Tony Benett me cantara "Happy Birthday" un 19 de Mayo cualquiera; quise ver atardecer en el Serengueti mientras apuraba una botella de Dom Perignon; anhelé meter el triple final que diera el enésimo anillo a mis orgullosos verdes y siempre quise estar sentado entre Woody Allen y Diane Keaton en una de esas delirantes tertulias en el Up Town neoyorquino.
Y hoy estoy varado entre rocas, entrando agua por varias vías y sin provisiones ni fuerzas. Pero todavía me queda un aliento para soñar que Lauren Bacall aparece tras aquellas palmeras y se acerca hasta mí para susurrarme: ¿tienes fuego, muñeco?...
Varias buenas noticias han venido a insuflar vitalidad a mi cuerpo. Parece que no está todo perdido.Veremos...
viernes, 28 de junio de 2013
jueves, 27 de junio de 2013
ABISMO
Pasar de una noche plácida a clavar la mirada en la vacuidad del techo en busca de respuestas a tanto desorden ajeno. Llegar a rozar la felicidad con la punta de los dedos para tambalearte segundos después y caer al abismo de la incertidumbre mientras se aleja la dicha y una lágrima se encarga de despedirla.
La toqué, la olí, la sentí muy dentro para serme arrebatada con fiereza y sin miramientos.
Me siento vacío y cansado. Me pesan los ojos y tan solo el deslizar de los dedos por el teclado me recuerdan vagamente que estoy vivo. Ahora viene la imagen fresca de mis hijos y el marcador de energía sube. Parece que es suficiente. Mis hijos. Sin ellos la caída sería eterna e irremediable. Recurro a vosotros pese a que me busquéis con la mirada ansiosa demandando seguridad y tranquilidad. Qué jodida paradoja...
Pase lo que pase, el nexo de amor que nos une me mantendrá a flote. Os lo prometo.
No todo va a ser negatividad. Recupero sensaciones mientras corro una media de 3 o 4 veces a la semana. Los dolores han remitido casi por completo. Siempre asoma algún pequeño latigazo que me estremece al traer recuerdos de los sufrimientos pasados, pero los tiempos mejoran semana a semana y me siento físicamente más fuerte. Ojalá pudiera decir lo mismo de mi mente. Me he abandonado a la perra suerte y no sigo la dieta que debería. Veremos qué ocurre en los próximos días pero pintan bastos...
Pasan las horas, los minutos, los segundos, y van lapidando mi moral. La imagen del teléfono apagado perdura en mi mente sin variación alguna. A veces siento dolor.
Tengo tantas preguntas sin respuesta, tanta ira acumulada que no sé cómo canalizarla... No puedo creer que un concepto tan vano como la mala suerte haya calado tan hondo en mí.
La toqué, la olí, la sentí muy dentro para serme arrebatada con fiereza y sin miramientos.
Me siento vacío y cansado. Me pesan los ojos y tan solo el deslizar de los dedos por el teclado me recuerdan vagamente que estoy vivo. Ahora viene la imagen fresca de mis hijos y el marcador de energía sube. Parece que es suficiente. Mis hijos. Sin ellos la caída sería eterna e irremediable. Recurro a vosotros pese a que me busquéis con la mirada ansiosa demandando seguridad y tranquilidad. Qué jodida paradoja...Pase lo que pase, el nexo de amor que nos une me mantendrá a flote. Os lo prometo.
No todo va a ser negatividad. Recupero sensaciones mientras corro una media de 3 o 4 veces a la semana. Los dolores han remitido casi por completo. Siempre asoma algún pequeño latigazo que me estremece al traer recuerdos de los sufrimientos pasados, pero los tiempos mejoran semana a semana y me siento físicamente más fuerte. Ojalá pudiera decir lo mismo de mi mente. Me he abandonado a la perra suerte y no sigo la dieta que debería. Veremos qué ocurre en los próximos días pero pintan bastos...
Pasan las horas, los minutos, los segundos, y van lapidando mi moral. La imagen del teléfono apagado perdura en mi mente sin variación alguna. A veces siento dolor.
Tengo tantas preguntas sin respuesta, tanta ira acumulada que no sé cómo canalizarla... No puedo creer que un concepto tan vano como la mala suerte haya calado tan hondo en mí.
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