viernes, 29 de marzo de 2013

UN DÍA PERFECTO



Sentado en la terraza junto al mar mientras escucho a Joe Lovano, podría pensar que estoy en el paraíso pero lo cierto es que me siento triste y atribulado. Hace un día fantástico y veo pasar a mucha gente corriendo junto a la orilla del mar y pienso, ¿qué me ha pasado en este año? ¿He abandonado definitivamente el hábito del jogging mañanero? En los últimos meses han sido contadas las ocasiones en las que me he enfundado las mallas y las zapatillas y he salido al parque ha cultivar mis piernas y mi mente. Si hago un ejercicio concienzudo de memoria diría que no han sido veinte las veces que he sudado con denuedo por los senderos de Parque Polvoranca y los días que he logrado vencer la desmotivación, he sufrido terribles dolores en la pierna derecha, provocando una nueva excusa en una interminable lista a la que recurro con frecuencia.
Y ahora veo pasar a todos estos deportistas y siento envidia y pena. La cuestión es saber ahora si estoy a tiempo de recuperar de nuevo la forma y, sobre todo, la fortaleza mental. El otro día charlando con mi amigo Borja, hablábamos acerca de la eterna juventud, tema este que obsesiona a mi buen amigo. Borja predica con el ejemplo y combina una dieta ausente totalmente de sustancias "nocivas" como grasas, dulces industriales y demás perversiones gastronómicas, con ejercicio continuado. Afirma que el cuerpo está diseñado para vivir al menos 200 años y que somos los humanos los que lo estropeamos con una ausencia total de cuidados logrando aminorar drásticamente la vida útil de tan perfecta máquina.Sin llegar a los extremos de mi buen amigo, una buena puesta a punto y mantenimiento de nuestro envoltorio, redunda directamente en la calidad y longevidad de nuestra existencia.
Aprovechando que mi mujer se ha despertado y puede quedarse a cargo de mis queridos monstruos, me voy a correr descalzo a la playa.
Tras soltar una retahíla de excusas, poner mil impedimentos y remolonear como un oso ante un tarro de miel, al fin me puse la camiseta y con los pies descalzos, al estilo keniata, estuve durante una hora corriendo junto al mar. Conclusiones podría sacar mil, pero una destaca sobre todas: ¡SOY GILIPOLLAS! No se puede explicar de otro modo que reniegue de uno de los mayores placeres de la vida como es correr, que además me reporta grandes dosis de vitalidad y una lucidez mental imposible de lograr en circunstancias normales. Si además corro por la orilla del mar, con una temperatura agradable y en compañía de buena música, renunciar a ello debería estar penado con la horca.
Ver disfrutar a mis hijos jugando en la playa me relaja más que la misma brisa marina, y un baño en las templadas aguas mediterráneas han sido el bálsamo perfecto para afrontar una semana que presumo agitada.
Cuando los hados se juntan y hacen de las suyas, todo va rodado. Tras una jornada familiar relajante, un chuletón gallego y una siesta reponedora, todo parecía truncarse de noche cuando tras dar buena cuenta de una ensalada desengrasante, el panorama televisivo se presentaba desolador. Antes de decidir abandonarme al lecho para dar un bocado a "La elegancia del erizo", decidí husmear por las tripas del Ipad y, para mi sorpresa, advertí en la videoteca un par de títulos que tenía pendiente desde hacía tiempo. Comencé con cierta desgana con "Ascensor para el cadalso" y desde la primera escena me vi atrapado por una trama original y muy bien llevada, pero sobre todo por una banda sonora impecable. El gran Miles Davis nos regala una serie de temas jazzísticos impagables que además se integran perfectamente con la línea argumental del film. Tan excitado estaba con lo que acababa de presenciar que pese a haber pasado la medianoche, no tenía ni atisbo de sueño con lo que ataqué con denuedo el segundo título de la noche: "El trompetista" de Michael Curtiz. No daba crédito a lo que estaba viendo. Kirk Douglas, en uno de los mejores papeles de su carrera, daba vida a un genial trompetista de jazz que, cómo no, sucumbe a las garras del alcohol. Grandes temas musicales, espléndida fotografía y mi debilidad en forma de femme fatale: Lauren Bacall. La frialdad que derrite hasta el acero. Hermosa como pocas veces la he visto. Arrebatadoramente odiosa. Hermosa... 
Dos películas en torno a una trompeta. Dos regalos inesperados que compensan sinsabores pasados. Un día perfecto...

domingo, 24 de marzo de 2013

BEBO ETERNO

Acabo de enterarme de la muerte de Bebo Valdés y he sentido como una sonrisa se ensanchaba en mi cara. Sé lo que me digo. Siempre que oigo algo del genio cubano, lo que sea, se me abre la mayor de las sonrisas. Y la muerte no deja de ser otro dato más que añadir a la biografía del hombre que era capaz de hacer sonreír a un piano. Porque Bebo era bondad, era alegría y arte. Un arte refinado y rebelde. Su modo de entender la música le fluía con una naturalidad desbordante y transmitía esa alegría cubana que deja el son por sus ojos y por sus manos acariciando las teclas del piano.

La biografía de Bebo es fascinante, como lo es su forma de tocar. Tuvo que salir de su amada Cuba casi a los tiros por no querer aceptar el régimen castrista. Dejó allí cinco hijos y la madre de éstos. Seguro que aquí fue el único momento en su vida en el que se apagó la alegría. Acabó viviendo en Suecia donde durante años tuvo que tocar en hoteles y fiestas para sobrevivir. Alguien de la talla de Bebo. Imagino a más de un ejecutivo borracho pidiéndole que tocara "la cucaracha" y a éste con su bondad infinita accediendo y acariciando el piano con sus enormes y finas manos. Al final fue el amor el que le ató a un país tan diferente a su Cuba natal. Fue un encuentro casual con Fernando Trueba el que le devolvió al primer escalafón musical gracias a discos inolvidables, películas y documentales.

A Bebo le debo muchos momentos de alegría, pero sobre todo le debo el que participara en la grabación de "Lágrimas negras", el que pariera junto a el Cigala un disco que me ha hecho derramar lágrimas como ninguno otro; un disco que me empujó a crear a mi hijo Oliver, que me trae recuerdos de mi hermano Juanito, que me encoge el alma...

Gracias Bebo, gracias por existir.


sábado, 23 de marzo de 2013

LA BATALLA

En el mundo de los negocios las hienas tratan de hacerse hueco pero cuando dan con rapaces más poderosas que ellas, se baten en retirada dejando un tufo a derrota muy característico. Demostrar mi valía me produce satisfacción aunque todavía hoy me lamo mis heridas de guerra pues la batalla fue dura. En este caso no honro al derrotado sino que le deseo la muerte, o peor aún, la rendición incondicional servida en bandeja. La tengo. Y la satisfacción de contar con un gran amigo, sin cuyo ataque por el flanco derecho hubiera sido derrotado.

Viandas sabrosas para una batalla amarga con regusto a venganza y odio irreconciliable. No me gusta mi adversario porque en ningún momento ha sido brillante. Sólo mi obcecación por diseminar sus pedazos por todo el territorio, le dotó de cierto respiro pero al final sorbió el sabor de la derrota. Ahora sí que repartiré sus hígados entre los buitres que esperan ansiosos su botín.

Duelen las heridas pero son las heridas del triunfo. Con resuello y pocas fuerzas, retomo el camino de vuelta para saborear un triunfo que merezco aunque solo sea por la perseverancia en el objetivo. Ya no queda nada del cadáver que no hace mucho me hizo dudar. Ni una sola línea más pienso escribir de él. Tampoco lo merece. Gracias hermano...

He estado viendo "Laura" por enésima vez y sigo sin encontrar un rostro tan fascinante como el de Gene Tierney. Qué capacidad de enamorar a todo aquel que se le acerque...

Vieiras, anchoas de Santoña, chipirones de Guetaria, bacalaó al pil-pil, jamón de Jabugo... Así siempre podemos dialogar como plazcas.

miércoles, 20 de marzo de 2013

TEMORES INFUNDADOS... O NO

Vuelven los miedos. Más que volver, creo que nunca llegaron a marcharse, sólo que las últimas semanas estaban escondidos recopilando fuerzas para aparecer con más vigor que nunca. Me vence el cansancio del insomnio y no sé qué más hacer. Por más esfuerzo que realizo, los frutos no aparecen. ¿Estará yermo el árbol y pierdo demasiadas energías en cuidarlo y protegerlo? Recuerdo aquella colina cercana a casa de Tommaso desde la que contemplábamos la serena belleza de Florencia. El mundo fue nuestro por unos instantes y ni el viento fue capaz de bajarnos del pedestal. El centro del universo era nuestro y nos creímos invencibles. Fue hermoso. Apenas un suspiro. Lo justo para valorar lo que se siente en la cúspide del Olimpo. Y era sólo una colina. Nuestra colina. Tommaso y yo con nuestros sueños rendidos a nuestros pies. Fue tan sólo un instante. Mágico.

Sigo con mi alimentación sana, con algún despiste banal que no acarrea consecuencias graves, pero mi cabeza se desmorona y con ella mi espíritu irreductible. Se agrietan las murallas y el enemigo se ha percatado de ello. Ha ido en busca de armas de precisión. Espero aprovechar este respiro para rearmarme de valor. Es lo más efectivo. Son las 6:05 y hoy voy a volver a correr. Es otra arma poderosa que uso poco. Lástima que mi mente esté perezosa. No me extraña. No hago más que castigarla impunemente. Y no se lo merece. Peo juro que es en contra de mi voluntad. Voluntad. ¿Alguna vez la tuve? Miedo a lo conocido. Ese es mi drama...

Apariencias engañosas que elucubran la realidad. Esa que no me gusta. Esa que me tortura. Indudablemente hoy no es un buen día para la lírica.

En un acto de cobardía sin precedentes, después de haberme cambiado de ropa para salir a correr, me han temblado las piernas y he vuelto a enfundarme el pijama. Estoy tocando fondo y lo peor es que no encuentro ningún resquicio donde agarrarme. Ahora sólo quiero llorar y autocomplacerme. Suena patético. Es patético...

lunes, 18 de marzo de 2013

LA PODEROSA IGNORANCIA

Hace un par de años, mientras me dirigía al colmado de al lado de casa, me percaté de la presencia de una pareja de adolescentes que charlaban animadamente mientras contemplaban el escaparate de la papelería de Conchi.

- Joder, qué mochilas más molonas.
-Ya te digo.
- Anda, mira, libros.
- Ya.
- Yo nunca he leído ninguno... ¿Y tú?
- Ya te digo...

Se abrazaron y siguieron su camino hacia la estación del cercanías ante mi lánguida mirada. Esa conversación se me quedó grabada a fuego y durante muchos días revoloteó por mi subconsciente como un pájaro de mal agüero.

Hoy en el lugar de la papelería de Conchi malvive una pastelería de tercera con ínfulas de alta repostería y aquellos libros que dormitaban en el escaparate habrán acabado devueltos en un almacén perdido de algún distribuidor literario deseoso de vender su mercancía a peso al primer osado que le apriete unos cuantos euros.

Viene todo esto a cuento por la charla que mantuvo ayer Pérez Reverte con sus fieles seguidores del bar de Lola en la que se lamentaba de los pobres resultados obtenidos en una oposición por unos cuantos profesores, teóricos responsables de la educación de nuestros patrios infantes. La triste conclusión de toda esta perorata es que el nivel educativo español está bajo mínimos y pese a nuestra sempiterna cantinela de echar toda la culpa a nuestros políticos, la realidad es que todos los estamentos que componen nuestra sociedad están impregnados de una incultura supina de la que todos somos culpables.

Cuando una sociedad toma partido en las truculentas experiencias vitales de Belén Esteban o Paquirrín, provocando encendidos debates en todo tipo de foros pero desconoce quienes son un tal Kipling, Bernard Shaw o Carlos Fuentes; cuando al evocar el apellido Ortega nos viene a la cabeza un futbolista alcohólico o un magnate gallego pero nos suena a chino un tal Ortega y Gasset; cuando para nosotros música es Bisbal, la Oreja de Van Gogh o los Pig Noise, y sin embargo Wayne Shorter, Charlie Parker o James Taylor deben ser estrellas rutilantes de alguna franquicia de la NBA, todo está perdido. La única solución posible sería una destrucción total y violenta del sistema establecido y una vuelta a los orígenes partiendo de cero.

¿Quienes son los culpables de esta situación de empobrecimiento desatado de la cultura general en este país? Todos. Absolutamente todos. Empezando por nuestros ignotos políticos, los cuales, embebidos por un sistema educativo proyectado para generar vagos incultos que aseguren la perpetuidad de la especie chupóptera, acaban contagiados de esa atmósfera vulgar y acomodada. Los políticos de antaño buscaban igualmente ese sometimiento cultural pero al menos ellos tomaban las medidas pertinentes para mantener su nivel educativo a un nivel superior al de sus fieles votantes. Pero hoy en día estamos regidos por borregos como nosotros. ¿Alguien vio el otro día por la caja tonta el discurso atropellado y lleno de sinsentidos que profirió toda una vicepresidenta nacional tratando de parapetarse de las acusaciones de connivencia con su lisonjero tesorero? El patetismo más crudo llevado a la máxima expresión. El vivo retrato de una sociedad que no lee, que no repasa a sus sabios ancestros, que se ha visto sodomizada por la dictadura catódica de la subcultura vendida como arte alternativo.

Que Rajoy, Cospedal, Rubalcaba o Llamazares sean nuestros representantes más cualificados, no es culpa de ellos sino nuestra, que víctimas de tanta información sesgada, fiamos nuestro voto al primer ignorante que hablando nuestro mismo idioma, goza de una neurona más con la que hacernos la cama en cuanto se acomode en su poltrona. Tenemos lo que nos merecemos y si somos un país de golfos y sinvergüenzas es porque todos en un modo u otro, aspiramos a tamañas vilezas pese a que nos desgañitamos a diario ante tanta desfachatez, más por no poder ocupar su lugar que por el reprobable hecho en sí.

Y, claro, no pensamos en las consecuencia inmediatas de ese grado supino de ignorancia. Y se me ocurre, por ejemplo, el caso del robo sistemático y legal que el gobierno chipriota va a hacer contra sus ciudadanos y muchos de ellos votantes. Esta jauría de ineptos ha decidido que para tapar sus excesos y errores de antaño van a tomar prestados los ahorros de los sufridores de tales desmanes sin consultarles previamente ni agradecerles tan encendida generosidad. Y viene a cuento porque cuando la lumbrera de Guindos, nuestro ministro en esto del pecunio, afirma contundentemente que el caso chipriota en ningún caso es extrapolable al panorama español, es cuando me echo a temblar y cuento los meses, si no las semanas en los que los chorizos nacionales echarán mano a nuestros ahorros para encubrir sobres, prebendas y demás arreglillos en mor del bien nacional que han lastrado terriblemente nuestra economía. Y eso, en una sociedad formada y versada, no tendría cabida. Y si así lo fuere, no tardarían en asomar por parques y plazas públicas guillotinas, horcas y demás instrumentos disuasorios que se encargarían de recordar a los politicastros de dónde vienen y a dónde van, datos estos que olvidan con frecuencia. Si en vez de prestar atención a tertulias de Ramoncines, Condes o Sardás invirtiéramos ese precioso tiempo en leer a Sartre o Camus, no consentiríamos las tropelías a las que nos somete diariamente la clase dirigente pero ya se encargan bien ellos de que no nos falte nuestra ración de saltos de trampolín, cámaras ocultas o tertulias verbeneras al amparo de una buena merienda. Eso sí. Ustedes no se nieguen a tal sometimiento, no sea que un día les de por ver una película de Billie Wilder, o leer algo de Kafka y caigan deslumbrados por el poder cegador de la verdad. Ese shock es difícil de digerir. Y no se olviden. Vayan a votar cuando corresponda, no sea que la furia divina caiga sobre ustedes con ira y denuedo, convirtiéndoles en estatuas de sal, o peor aún, en ciudadanos españoles y olé.

domingo, 17 de marzo de 2013

TENSIÓN

Tras un día de relativa euforia siempre llega la caída. Es mi sino. Nunca dos días seguidos de buenas sensaciones. Quizás padezca de algún tipo de bloqueo mental que fuerza situaciones que de otro modo se disiparían en la nada. En cierto modo ayer no fue tan mal día aunque se podía palpar la tensión a cada momento. Hoy, a las 6:13 de la mañana, después de haber visto a Nadal vencer en un duelo titánico a un desconocido, me armo de valor y me voy a correr con 0º en el exterior y un estado mental un tanto tambaleante pero quizás este cambio de hábitos me siente bien. Veremos...

Al final sí que fui a correr y como cada vez que lo hago últimamente me lamenté de no salir más a menudo. De nuevo la reconfortante sensación de tener controlado tu cuerpo a través de la mente, el frío intenso pegado a mi rostro henchido de felicidad. A lo largo del día mis piernas doloridas se quejaban pero con la satisfacción del deber cumplido. Vuelta a la rutina que resultó más fructífera de lo que pensaba.

Mi hermana Pi nos ha visitado este fin de semana. Disfruto viendo cómo la quieren mis hijos, como saborean estos dos días como si fueran los últimos de su existencia. Esa paz familiar que tantos años me costó encontrar, al final aparece y es un néctar de dioses.

Anoche no cené y pese a que la báscula no ponga mucho empeño en darme la razón, me encuentro cada vez mejor y mi cabeza responde con inusitada agilidad a todos los contratiempos que no hace mucho me sumían en un estado depresivo.

La lluvia sigue acompañándonos manteniendo mis constantes vitales por encima de la media habitual y pese a que hoy no me encuentro en disposición de explayarme a gusto, que no falte nunca mi terapia...

Leyendo la entrevista que le hacen a Kepa Acero los de Jot Down, siento que mi espíritu se libera por unos instantes del yugo de la rutina y vuelo a Alaska donde los salmones son grandes como delfines y el peligro tiene forma de garras de oso. Qué gran tipo este Kepa Acero. Qué ser tan afortunado al poder manejar su destino con la misma destreza que la tabla de surf. Los viajes son la mejor universidad que existe. Esta es la lección más importante que quiero inculcar a mis hijos y espero que la tomen con todas sus consecuencias. ¿Qué precio le ponemos a nuestra libertad? Levantarse, mirar al frente, sentir que esta etapa ha finalizado y coger tus escasas pertenencias hacia tierras salvajes... O el sueño de un ser atormentado.

martes, 12 de marzo de 2013

PRÍNCIPE DE MAINE, REY DE NUEVA INGLATERRA

Hoy hace nueve años llegaba a casa extasiado y excitado en compañía de tu abuelo que me recomendaba fervientemente descansar tras casi 48 horas de no haber pegado ojo. Me metí en la cama pero no había forma de dormir. Apenas cinco horas antes, después de no dar un respiro a tu madre durante día y medio, asomaste tu cabecita por primera vez al mundo y yo estaba a tu lado dispuesto a recogerte si a la comadrona se le hubiera ocurrido tener un desliz en ese mágico momento. Tu cuerpo abandonó el vientre materno en un suspiro. Parece que tenías prisa por salir, por descubrir qué diantres era aquello que osaba turbar tu reino de líquido amniótico y parece que lo primero que viste no te gustó pues lloraste con fuerza y enojo. Ahí estaba mi príncipe, azul, viscoso y arrugado pero para mí eras la cosa más hermosa que había visto nunca. Cuando la comadrona te puso en mis manos, un calor tibio recorrió mi espina dorsal y te saludé con una sonrisa boba y los ojos llenos de lágrimas mientras tu pobre madre permanecía exhausta de tanto esfuerzo. Yo te miraba una y otra vez sin dar crédito a ese pequeño milagro que se revolvía inquieto entre mis manos y que yo temía que se me escurriera por entre los dedos. Tanta era tu fragilidad. Calentito y arropado comprobábamos que no te faltaba nada en tu cuerpecito, como buenos padres primerizos y así de golpe entraste en nuestras vidas llenándolas de dicha e incertidumbre. Por eso cuando tu abuelo me llevó a casa a que descansara un poco, me fue imposible. Veía constantemente tu carita dulce, tus ojos que luchaban por abrirse contra una luz desconocida hasta entonces y salté de nuevo de la cama, me vestí y fui a tu lado a contemplarte, temeroso de que no tuviera el tiempo suficiente para disfrutar de ti.

Y hoy han pasado ya nueve años en los que junto a tu madre y tu hermano, me has hecho el ser más feliz del universo. Y por eso, por todos los momentos que has pasado junto a mí, por ese amor reverencial que me profesas, por haber sido tan perfecto a mis ojos y con el deseo encendido de que nunca apartes a tu viejo de tu corazón, muchas felicidades Oliver, príncipe de Maine, rey de Nueva Inglaterra...


sábado, 9 de marzo de 2013

LA MAGIA DEL CINE

Anoche fui al cine con mi chica. Hacía un par de años que no disfrutábamos una sesión cinematográfica juntos y fue un momento muy especial. Lástima que la película elegida no acompañó tan excitante momento. Entre todas las cintas elegibles fuimos a escoger la peor de toda la cartelera: "Los amantes pasajeros" de Pedro Almodóvar. Lo peor de todo es que pagamos 21€ por pasar hora y media sufriendo y sintiendo vergüenza ajena, lo que en los tiempos de crisis que corren es una temeridad. Merezco toda la penitencia que se me aplique pues horas antes había leído la crítica de Carlos Boyero en El País y el cineasta manchego recibió cera hasta en el carnet de identidad. Creí que dada la animadversión que mi admirado periodista tiene por el director, la crítica era sesgada y parcial. Nada más lejos de la realidad. Incluso añadiría que Boyero pecó de complaciente. Almodóvar, autor de películas maravillosas como "Mujeres al borde de un ataque de nervios", "Hable con ella" o "Todo sobre mi madre", ha perdido toda la frescura y la fuerza que le caracterizó durante buena parte de su carrera y lamentablemente no las ha repuesto con un poso de sapiencia o saber estar, propio de directores geniales que con el paso del tiempo se mimetizan con diversas posturas.

Pero el cine es magia, culto a los sentidos. Adentrarse en una sala oscura con rango de liturgia sigue siendo un acto ecuménico, un rito glorioso. El cine siempre será el último rincón donde puedes encontrarme, el templo sagrado de todos mis sueños.

Me llama la atención el público variopinto que acude a la proyección. En una sala atiborrada, destacan grupos de personas de mediana edad, entre 50 y 60 años. Pese a mi aturdimiento inicial, enseguida recapacito y pienso que esas personas eran veinteañeros cuando Almodóvar se hacía un hueco en el olimpo patrio cinematográfico. Modernos de la movida influenciados por las excentricidades de una época lisonjera. Ahora sólo los recuerdos alimentan sus vidas fracasadas y, al igual que Almodóvar, piensan en lo que fue y en lo que nunca volverá envueltos en olor a naftalina.

Cagada con la cena de anoche en Friday's. No por lo sabrosa que fue ni por sus reminiscencias nostálgicas de mi espíritu yankee, sino por las infinitas calorías con las que castigué a mi cuerpo. Ahora voy a dar un largo paseo con Lua para apaciguar a mi colesterol.

Paseo relajante con una buena selección de temas de Jazz y leyendo "En la frontera" de Cormac McArthy. Barro por todas partes pero Lua disfrutando como un conejo. Sin desayunar, recoger a mis hijos después de una noche sin ellos es una actividad reconfortante. Te das cuenta de lo mucho que te quieren, de lo poco que les gusta alejarse de tu manto protector y esa es una sensación inigualable.

Sábado tranquilo, asomado a esa ventana que es Internet y que hoy me ha llevado de brunch por NY. Edificante...

viernes, 8 de marzo de 2013

VANAS ESPERANZAS

Semana de lluvias, de luces y sombras, de miedos, de sobresaltos, de muchos kilómetros en la carretera. Semana que acaba con dudas. La tierra se empapa para afrontar un verano que se torna duro.

Sigo sin hacer deporte y comienzo a perder fuerza mental. Noto como los objetivos se difuminan con el carboncillo de la rutina y esa firmeza mantenida los dos últimos meses se torna laxa. Vuelvo a escribir porque es así como recupero energía. Imaginando un mundo ideal en el que la palabra sufrimiento carece de significado.

Anoche en el programa de "Un país para comérselo" derramé unas lágrimas sentidas en honor a la tierra que me vio nacer y donde tanto sufrí y tanto gocé. Una tierra con la que mantengo una relación de amor odio que me supera aunque ayer me diera cuenta hacia dónde se nivela la balanza. Multitud de recuerdos agolpados en treinta minutos de recorrido por bares y callejuelas que forjaron buena parte de lo que hoy soy. ¿Y qué soy? Tengo una idea un tanto desdibujada de mi realidad. ¿Será amor desmedido? ¿Falta de rigor? ¿Fatiga?

Nueva reunión en Yuncos, nuevos objetivos laborales, viejos temores asociados a épocas de incertidumbre donde sigo oteando a lo lejos países  que marcan metas más diáfanas que las que hoy en día me mediatizan.

Mi ahijado Miguel Angel ya está viviendo en NY con su mujer. No tengo por menos que sentir envidia sana. Lo imagino paseando por Central Park y me pregunto por qué no yo. Quizás gaste demasiada energía deseando y la pierdo a la hora de actuar.

Las gotas de lluvia enturbian un silencio hosco que hoy se presenta molesto. Disimulo fortaleza cuando me tiemblan las piernas y sólo espero una señal para cambiar el rumbo. ¡Qué perdido estoy!

Ha muerto Hugo Chávez y tengo sentimientos encontrados. Siempre lo he tenido por un charlatán de feria, un bufón atormentado y un experto maquiavelo pero luchó por los suyos y se enfrentó con todos aquellos a los que hoy repudio, a los causantes de la ruina que está trayendo suicidios y miseria a hogares que hasta hace nada anidaban sueños de futuro. Descanse en paz en cualquier caso...

Esto va por el comandante y sus causas perdidas, como las mías...


martes, 5 de marzo de 2013

PERSEVERANCIA

Muchas veces le reprocho a Bea que no eche la culpa de nuestra mala racha a meigas, brujas y demás faranduleo del imaginario español, pero dados los últimos acontecimientos, tendré que empezar a creer. En cuanto me relajo un par de días debido a las circunstanciales soluciones que apaciguan mis problemas, resurgen de las cenizas fantasmas del pasado que vienen a recordarme la aspereza de los tiempos que me tocan vivir. Gracias a Dios, el cuerpo y la mente ya tienen callo y cada vez afectan menos estas desagradables circunstancias que traen a mi memoria la maldita frase de en este valle de lágrimas...

Diría sin miedo a equivocarme que sigo mi dieta sana con escrupulosa disciplina, exceptuando los fines de semana, que sin llegar a ser bacanales salvajes, sí que levanto un poco el pie del acelerador sirviendo de terapia mental. Este fin de semana, el disparate vino en forma de huevos fritos, bacon y salchicha que mi pequeño Oliver se empeñó en almorzar el sábado, seguramente influenciado por esas series de adolescentes americanos que suele devorar en la tele últimamente. No sé negarle nada a mi hijo, ni puñetera la falta que le hace, pero reconozco que fue un puñetazo en mi todavía maltrecho organismo, sobre todo después de las dosis que le inyecto de agua, frutas y fibras varias al que lo someto en los últimos tiempos.

El pasado jueves recibí la llamada de mi amigo David el bombero. Fue como un soplo de aire fresco en medio de tanta tensión laboral, y malos rollos. David es ese tipo de personas que su simple contacto visual me lleva a un estado de relajación. Una de esas personas con las que te irías a cualquier parte sin dudarlo, y de hecho, es con quien todos los años suelo perderme cuatro o cinco días en busca de aventuras montañeras y charlas distendidas. Una de esas personas que cada varios años te encuentras en tu periplo vital y pasa a engrosar el escaso bagaje de gente que merece la pena haber conocido. Un día de estos echaré un vistazo en tan peculiar saca y enumeraré sus miembros, así de paso me meto una dosis de recuerdos que últimamente ando un poco escaso de autoestima.

Echando la vista atrás en esta bitácora que poco a poco va cogiendo forma, advierto que no hago especial hincapié en la calidad literaria. Me remito a expresar aquello que en ese momento pasa por mi cabeza sin tener en cuenta formalismos ni estética. Puntualizo esto porque la finalidad de este conjunto de regüeldos mentales no es otra que algún día mis hijos puedan acercarse un poco más a la figura de su padre y que pese a los innumerables errores que cometí, la única finalidad de mi existencia fue su felicidad.

A las 6:19 de la mañana estoy ante una terrible diatriba. Ahora debería levantarme y salir a correr pero el cuerpo me pide seguir sentado frente al ordenador escupiendo tonterías. Es esta pereza cognitiva la que me tiene extasiado pero es difícil salir de ella. Me acabo de proponer el ir a correr luego a mediodía aunque una voz en mi interior me dice que me estoy engañando. Ya no yo mismo creo en mí. Fuera llueve y eso declina la balanza hacia mi egoísmo. No me siento bien ni mal, probablemente porque escribir esta especie de diario me está dando estabilidad y visión panorámica.

Mañana me voy a Asturias a las 4 de la mañana. No son las circunstancias lógicas en las que me hubiera gustado conocer el Principado pero la supervivencia en los tiempos actuales lleva a circunstancias extremas de las que estoy acostumbrado a bregar con ellas.

Sigue cayendo la lluvia y poco a poco la oscuridad irá tornando en un gris plomizo, símbolo de tristes presagios que espero no se cumplan jamás. Oliver y Aidan son dos personas muy especiales con ese toque mágico que sólo reciben los elegidos. Ellos no pueden saberlo ahora pero está ahí. Y además es imparable, y yo me siento orgullosos porque es un arma poderosa que en el futuro les va a servir de gran ayuda. Os quiero, hijos.

Este invierno está siendo como los que a mí me gustan: húmedo, frío y ventoso. Vamos, el invierno en todas las acepciones de la palabra. Pero no puedo disfrutarlo como quisiera. Lo malo es que dentro de nada volveremos a la angustia del verano, del calor sofocante, de los sudores pegajosos, de los malos presagios. ¿Estaré condenado a vivir una sola estación? Prefiero arder eternamente en el infierno.

Fantástica la entrevista a Luis Alberto de Villena en Jot Down. Dentro de la oscuridad que me toca vivir de dos años a esta parte, tengo la inmensa fortuna de ir creando una existencia tupida en la que solo tienen cabida mis intereses propios. Aquí puede nacer la luz.

Evidentemente no he ido a correr a mediodía aunque la persistente lluvia me ha servido de excusa fiable. En contraposición voy a darle un lavadito de cara a mi blog.

Sigue lloviendo sin descanso. Tanta confortabilidad me abruma. ¿Serán negros presagios?

viernes, 1 de marzo de 2013

ARREPENTIMIENTO

Hoy he conseguido despertarme a las 5 de la mañana lo que es un logro visto mis antecedentes. No logro arrancarme esa extraña sensación de desasosiego que me persigue por todos los rincones pese a que ayer fue un día cargado de buenas noticias y lluvioso,como a mí me gustan.

Tras una jornada dietética de lo más saludable, por la noche di buena cuenta de un bocadillo de salami que acabó por dar al traste con la jornada. Pese a ello espero ir a correr esta mañana después de llevar a mis hijos al colegio y así mitigar los pecados de ayer.

He cumplido. Me he armado de valor y he ido a correr aunque un intenso dolor en la pierna derecha me ha acompañado en todo el recorrido. Al final he logrado acabarlo entero y en un tiempo moderadamente bueno. Ahora mi cabeza está mejor y este fin de semana sólo quiero tener ojos para mis hijos.

De vez en cuando me gusta que mi espíritu se escape a Menorca, de un paseo por el faro de Cala'n Bosch, respire profundamente la brisa marina y, tras contemplar un atardecer en Macareleta, vuelva a la gris y anodina rutina de Madrid.

De nuevo aquí, sin miedo al futuro pero sin ilusiones. Pierdo la perspectiva de mi realidad y acabo devorado por un triste sino. Tan solo me quedan lágrimas en los ojos y un cansancio crónico. Hoy no preguntaré cuándo, ni por qué. Hoy tan solo toca lamerse las heridas...