
Hoy hace nueve años llegaba a casa extasiado y excitado en compañía de tu abuelo que me recomendaba fervientemente descansar tras casi 48 horas de no haber pegado ojo. Me metí en la cama pero no había forma de dormir. Apenas cinco horas antes, después de no dar un respiro a tu madre durante día y medio, asomaste tu cabecita por primera vez al mundo y yo estaba a tu lado dispuesto a recogerte si a la comadrona se le hubiera ocurrido tener un desliz en ese mágico momento. Tu cuerpo abandonó el vientre materno en un suspiro. Parece que tenías prisa por salir, por descubrir qué diantres era aquello que osaba turbar tu reino de líquido amniótico y parece que lo primero que viste no te gustó pues lloraste con fuerza y enojo. Ahí estaba mi príncipe, azul, viscoso y arrugado pero para mí eras la cosa más hermosa que había visto nunca. Cuando la comadrona te puso en mis manos, un calor tibio recorrió mi espina dorsal y te saludé con una sonrisa boba y los ojos llenos de lágrimas mientras tu pobre madre permanecía exhausta de tanto esfuerzo. Yo te miraba una y otra vez sin dar crédito a ese pequeño milagro que se revolvía inquieto entre mis manos y que yo temía que se me escurriera por entre los dedos. Tanta era tu fragilidad. Calentito y arropado comprobábamos que no te faltaba nada en tu cuerpecito, como buenos padres primerizos y así de golpe entraste en nuestras vidas llenándolas de dicha e incertidumbre. Por eso cuando tu abuelo me llevó a casa a que descansara un poco, me fue imposible. Veía constantemente tu carita dulce, tus ojos que luchaban por abrirse contra una luz desconocida hasta entonces y salté de nuevo de la cama, me vestí y fui a tu lado a contemplarte, temeroso de que no tuviera el tiempo suficiente para disfrutar de ti.
Y hoy han pasado ya nueve años en los que junto a tu madre y tu hermano, me has hecho el ser más feliz del universo. Y por eso, por todos los momentos que has pasado junto a mí, por ese amor reverencial que me profesas, por haber sido tan perfecto a mis ojos y con el deseo encendido de que nunca apartes a tu viejo de tu corazón, muchas felicidades Oliver, príncipe de Maine, rey de Nueva Inglaterra...
No hay comentarios:
Publicar un comentario