Tres días en Zaragoza y comienzo a estar cansado. Afortunadamente mañana ya vuelvo a Madrid. Estoy loco por abrazar a mi mujer y a mis hijos. Dios, cómo los echo de menos. Ayer recibí un mazazo de consecuencias imprevisibles...El proyecto de Guinea se tambalea y aquí estoy yo en medio de un equipo de más de diez personas dejándose la vida y yo guardándome una información a la espera de lo que hoy me comunique Fidel. Pero pinta mal. Sólo espero que mis amigos guineanos sepan compensarme de algún modo con algún superpetrolero de esos que les sobran.

La dieta va más o menos bien. Aquí en Zaragoza me he bebido un par de Cocacolas Zero y anoche cené un mini de lomo pero noto que voy adelgazando aunque para mi desesperación mis hermanos no notan apenas la pérdida de peso, sobre todo mi hermano Jorge que en el último año habrá perdido como unos 25 kilos y ahora está como un figurín.
El futuro inmediato se presenta turbulento y en estos momentos prefiero no pensar demasiado en ello porque la desesperación no va a llevarme a nada nuevo. Si soy realista, y el proyecto se cae, barajo varias opciones. En breves días puede llegar un aluvión de pedidos de filtros o una ondanada de hostias. En el primer caso, tengo claro que reacometeré el apartado filtros de un modo más profesional. Ya tengo los resortes ajustados para su fabricación correcta e introduciré elementos propios de una red comercial breve pero eficaz. La baza de César no es la que más me agrada pero su necesidad acuciante hace que sea un elemento momentáneamente positivo. Lo que tengo claro es que intensificaré mi labor de fabricante del producto dejando a otros la faceta comercial.
Joder, cómo está trabajando esta gente... El proyecto de Guinea está quedando francamente bonito con lo que espero que sirva para poder presentar dicho proyecto en otros países del ámbito africano y aunque éste sea otra de las ideas que barajo para desarrollar profesionalmente, no estoy precisamente hoy muy esperanzado en su éxito. Sigo aferrándome fuerte a la idea de que la putada del banco de sangre me traiga alguna compensación del país de la alegría negra...
Mi objetivo de alcanzar en báscula los 84 kilos va más lento de lo que imaginaba aunque estoy convencido de que voy por el buen camino. Es obvio que el no hacer deporte diariamente como antaño, ralentiza mucho los resultados pero sigo sintiendo un cálido bienestar cuando veo que mi organismo se va purificando poco a poco.
El cansancio mental puede acabar haciéndome mella. Lo malo es que no encuentro la forma de desestresarme porque el estado de incertidumbre en el que me veo sumido no ayuda lo más mínimo.
Sueño con el día en el que compro cuatro billetes de avión para Fuerteventura o Formentera y disfruto de una semana de relax absoluto en compañía de mi familia. Pero veo tan lejano ese sueño. Apenas puedo tocarlo con la punta de los dedos...
Aguanto, resisto, me hundo y me levanto y vuelvo a caer. Mis espaldas están cansadas pero todavía pueden acarrear con un saco más. No pueden flojear mis piernas. Llevo a mis hijos sobre los hombros.
Olvidaba comentar que ayer estuve corriendo por el Parque Grande de Zaragoza. ¡Qué recuerdos! Durante unos diez años de mi vida di vueltas y vueltas al único recinto de mi ciudad que me parece mágico. He pasado grandes momentos corriendo por un parque que además de bonito, me produce unas vibraciones positivas. Gran momento en una etapa convulsa.
Tengo miedo. ¿Nunca voy a poder descansar?