jueves, 28 de febrero de 2013

RENACER

Las 4:15 es la hora puntual en la que me despierto las cuatro últimas noches. Pensaba que gracias a mi nueva alimentación, el insomnio se había cansado de mi triste existencia pero veo que es más persistente de lo que creía.

Hoy mi primer encuentro en la embajada de Guinea. Espero que sea tan productivo como la comida de ayer, aunque empiezo a intuir que el camino a recorrer va a ser largo y lleno de dificultades. Hoy me he levantado con fuerzas renovadas. No es que crea que voy a comerme el mundo pero al menos no tengo esa flojera de piernas que hace de mí un alma en pena.

Después de una nutritiva cena a base de brócoli, hoy voy a desayunar un poco de alpiste con leche y una rodaja de piña. Necesito reforzar el área nutricional ya que las últimas semanas había perdido algo de rigor. Nada preocupante, eso sí...

Está nevando. Una estampa entrañable que me trae recuerdos de mi madre. Apenas unos días antes de fallecer, se encontraba en la cama extremadamente débil mientras nevaba en Zaragoza. Le dijo a mi hermana que me llamara para que viera cómo nevaba. Sabía que me encantaba esquiar. Era todo dulzura. Hasta en esos momentos se acordaba de la felicidad ajena. Cómo la echo de menos... Te quiero mamá.

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