Tras un fin de semana en el que cometí algún exceso que otro sin llegar al abandono total, he retomado mis nuevos hábitos sin apenas esfuerzo. Incluso he vuelto a correr a las 6:30 de la mañana con sensaciones placenteras y tiempos todavía excesivamente lentos. Hoy he vuelto a calzarme las zapatillas pero tras dos intentonas he tenido que desistir de la carrera por un intenso dolor en la pierna derecha. Espero que sea algo transitorio, sino habrá que pensar en transmutarse en ciclista.
En unas horas llegará Ángel de Ergo a Madrid y pasaré a recogerle por la estación de Atocha. Asistimos a mediodía a una de las reuniones más importantes de mi vida y la que determinará el futuro de mi familia y el mío propio. La reunión con Fidel, procónsul de Guinea Ecuatorial, en un restaurante de Fuenlabrada, nos indicará si el proyecto del banco de sangre en el país africano lleva visos de realizarse o no. Estoy nervioso pero extrañamente tranquilo, sobre todo después del día de ayer en el que diversos acontecimientos laborales me llevaron a un estado de nervios y desesperación difícilmente soportable. Son momentos duros, tensos y de incertidumbre que sin duda marcarán el devenir de los próximos años y ahora pienso que estamos a la misma distancia de tener el futuro de mis hijos resuelto que de caer en la mayor de las miserias...
Desearía que todo se aclarase cuanto antes y poder permitirme el lujo de disfrutar de quince días seguidos de vacaciones para poder disipar esos terrores que durante los últimos dos años han hecho de mí una sombra de lo que fui.
Volviendo a la dieta, veo que no me supone mucho sacrificio el llevarla a cabo aunque por la noche, a eso de las 10 de la noche, un pinchazo en el estómago viene a recordarme mis viejos tiempos de excesos y suelo mitigar esta tentación con una rebanada de pan integral y una onza de chocolate puro. Es esta una costumbre que quiero erradicar totalmente.
Espero que mis palabras de mañana sean de exacerbado optimismo y que la comida con Fidel acabe de reafirmarme en un proyecto en el que estoy dejando la vida, porque es la vida lo que me juego.
Oigo canturrear a Aidan en la habitación de al lado. El sueño acaba por abandonarle y en breves minutos se convertirá en el torbellino de vida y alegría que suele ser siempre. El problema es que cuando mentalmente estoy en baja estima o con los nervios a flor de piel, lo que en otros momentos me parece gracioso, acaba tornando en molestias incontenibles y desesperación.
Me voy a desayunar. Buenos días
miércoles, 30 de enero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
GUINEA EN EL HORIZONTE
Ya han pasado más de 2 semanas y me mantengo firme en mi lucha contra la mala alimentación. Anoche recordaba que hacía unos diez días que no pruebo la pasta y doy fe que no la echo de menos, ni a la Coca-Cola ni al pan. Lo único malo es que ayer volví a correr y realicé un tiempo detestable, terriblemente lento y las sensaciones no fueron buenas, más bien de debilidad. Entiendo que es cuestión de tiempo pero es algo que me preocupa porque en estas dos semanas he perdido algo así como un kilo y medio, casi dos pero con dos únicas sesiones de running, lo que significa que a poco que me lance a correr tres o cuatro veces por semana, el resultado puede ser espectacular.
Ahora estoy volcado con el asunto del banco de sangre en Guinea, un proyecto que me apasiona a medida que voy avanzando. Sería un terrible bacatazo que no saliera este proyecto por mala praxis de Borja pues está involucrada mucha gente que está trabajando duro a cambio de nada o muy poco. Tengo el pálpito de que todo saldrá bien. O eso quiero creer...
Ahora estoy volcado con el asunto del banco de sangre en Guinea, un proyecto que me apasiona a medida que voy avanzando. Sería un terrible bacatazo que no saliera este proyecto por mala praxis de Borja pues está involucrada mucha gente que está trabajando duro a cambio de nada o muy poco. Tengo el pálpito de que todo saldrá bien. O eso quiero creer...
CONTRARRELOJ
Siento un amor inmenso por mis hijos lo que hace que en estos duros momentos en los que mi futuro profesional se hunde en el fango, la angustia por su supervivencia me ahoga mientras miro el reloj avanzando impasible sin nada que me de consuelo. Permanezco bloqueado con un sinfín de proyectos pero sin que ninguno llegue a materializarse lo que hace que me desespere y no sea capaz de asumir la situación en la que me encuentro. Confianza ciega en el azar es una de las rocas a las que me aferro pero las otras se muestran resbaladizas y quebradizas con lo que la sensación de flotar en el vacío es constante. Quiero a mis hijos con todas mis fuerzas y tengo que salir de ésta antes de que la situación se torne irreversible, pero, ¿cómo?...
Mi dieta sigue por los mismos derroteros. Hace casi dos semanas que no pruebo ni el pan ni la Coca-Cola y ya noto una disminución en el volumen de mi estómago. Dentro de la angustia que me corroe últimamente, mi perseverancia es algo a lo que me aferro como punto positivo en mi trayectoria vital. El paso que me falta dar es el del deporte aunque con el frío que hace últimamente y mi cabeza que anda preocupada por la situación laboral, busco más excusas que alicientes a la hora de lanzarme a sudar la gota gorda. Habrá que redoblar los esfuerzos. Creo que la única manera de salir de ésta es eso, esforzarme al máximo, luchar por los objetivos de Guinea Ecuatorial mientras que trato de vender los malditos filtros que han acabado por llevarme a la ruina.
Vuelvo a tener miedo a que amanezca y pese a que ahora duermo profundamente, los temores que me atenazan son más poderosos y me despiertan sobre las 5 de la mañana con su letanía de muerte. Me gusta encontrar consuelo metiéndome en la cama con Aidan, mi hijo pequeño. Me acurruco junto a él, le digo muchas veces que le quiero y es solo entonces cuando una cálida sensación atempera mis frustraciones. A veces me duermo y sueño que somos los cuatro felices muy lejos de España. Y temo despertarme...
La lucha que tengo ahora es no caer en un estado depresivo que me lleve a refugiarme en enormes platos de macarrones y litros y litros de Coca-Cola. No es la solución, y creo que hasta ahora no voy a caer en tamaña trampa.
Mi dieta sigue por los mismos derroteros. Hace casi dos semanas que no pruebo ni el pan ni la Coca-Cola y ya noto una disminución en el volumen de mi estómago. Dentro de la angustia que me corroe últimamente, mi perseverancia es algo a lo que me aferro como punto positivo en mi trayectoria vital. El paso que me falta dar es el del deporte aunque con el frío que hace últimamente y mi cabeza que anda preocupada por la situación laboral, busco más excusas que alicientes a la hora de lanzarme a sudar la gota gorda. Habrá que redoblar los esfuerzos. Creo que la única manera de salir de ésta es eso, esforzarme al máximo, luchar por los objetivos de Guinea Ecuatorial mientras que trato de vender los malditos filtros que han acabado por llevarme a la ruina.
Vuelvo a tener miedo a que amanezca y pese a que ahora duermo profundamente, los temores que me atenazan son más poderosos y me despiertan sobre las 5 de la mañana con su letanía de muerte. Me gusta encontrar consuelo metiéndome en la cama con Aidan, mi hijo pequeño. Me acurruco junto a él, le digo muchas veces que le quiero y es solo entonces cuando una cálida sensación atempera mis frustraciones. A veces me duermo y sueño que somos los cuatro felices muy lejos de España. Y temo despertarme...
La lucha que tengo ahora es no caer en un estado depresivo que me lleve a refugiarme en enormes platos de macarrones y litros y litros de Coca-Cola. No es la solución, y creo que hasta ahora no voy a caer en tamaña trampa.
martes, 22 de enero de 2013
HUIDA A NINGUNA PARTE
Si en algo han cambiado las noches es que ahora descanso. Hoy me he despertado a las 6 de la mañana y hasta dentro de un par de horas en las que se despertará mi hijo pequeño, trataré de aprovechar el tiempo aporreando el teclado aunque no es un día en el que me sienta especialmente inspirado. Adoro el silencio, mejor dicho, mi silencio, aquel que se ve alterado tan solo por el repiqueteo de las teclas del ordenador y la música de fondo de Al Cohn atacando "Chasin the Blues".
Ayer fue mi día de los excesos gastronómicos y aunque no bebí Coca-Cola, me apreté dos copas de vino o tres, un sorbete de limón y cava y un gin tonic. Además cené un cuarto de tortilla de patata si bien no la acompañé de pan pero cierto es que todavía me dura un leve cosquilleo en el estómago que más parece una señal de alarma ante tanto dispendio que me di ayer. Espero hoy compensarlo con una dieta frugal basada en algo de pollo asado y abundancia de fruta fresca.
Asisto estupefacto al bochornoso espectáculo que nos brinda estos días nuestro gobierno con su reparto indiscriminado de prebendas a sus miembros con sobres repletos de dinero de dudosa procedencia. Como no podía ser de otro modo, niegan con encono y altanería, como si aquello fuera deshonroso para casta de tan alta alcurnia y sabemos los sufridos ciudadanos que ahí quedara eso. Considero que en cualquier país con un mínimo de decoro y dignidad, su presidente ya hubiera dimitido pero estamos en España, la tierra donde el tramposo es el rey. La charla sobre el tema con mi mujer giró en torno a la posibilidad de acabar viviendo en el extranjero y ahora es otra meta que me marco en mi vida aunque en este caso esta meta está prefijada para mis hijos que no quiero que se críen en un estado de chorizos y crápulas donde no hay bases morales ni conceptos básicos como igualdad o transparencia económica. Lo que realmente ocurre es que a mí no me gusta España. Nunca me ha gustado y siempre me he considerado la reencarnación errante de algún noble inglés que tuvo la desgracia de caer en estas tierras moras. Noto que pese a que mi reacción de cambiar de país viene motivada por mi indignación hacia la clase política y económica que rige nuestros designios, cada vez que me imagino viviendo fuera de España siento una tibia sensación que me relaja... Londres, San Francisco, Vancouver, Melbourne o New York serían mis sitios preferidos a la hora de echar raíces y que mis hijos pudieran desarrollarse en plenitud, pero de momento es tan solo un sueño.
Ayer fue mi día de los excesos gastronómicos y aunque no bebí Coca-Cola, me apreté dos copas de vino o tres, un sorbete de limón y cava y un gin tonic. Además cené un cuarto de tortilla de patata si bien no la acompañé de pan pero cierto es que todavía me dura un leve cosquilleo en el estómago que más parece una señal de alarma ante tanto dispendio que me di ayer. Espero hoy compensarlo con una dieta frugal basada en algo de pollo asado y abundancia de fruta fresca.
Asisto estupefacto al bochornoso espectáculo que nos brinda estos días nuestro gobierno con su reparto indiscriminado de prebendas a sus miembros con sobres repletos de dinero de dudosa procedencia. Como no podía ser de otro modo, niegan con encono y altanería, como si aquello fuera deshonroso para casta de tan alta alcurnia y sabemos los sufridos ciudadanos que ahí quedara eso. Considero que en cualquier país con un mínimo de decoro y dignidad, su presidente ya hubiera dimitido pero estamos en España, la tierra donde el tramposo es el rey. La charla sobre el tema con mi mujer giró en torno a la posibilidad de acabar viviendo en el extranjero y ahora es otra meta que me marco en mi vida aunque en este caso esta meta está prefijada para mis hijos que no quiero que se críen en un estado de chorizos y crápulas donde no hay bases morales ni conceptos básicos como igualdad o transparencia económica. Lo que realmente ocurre es que a mí no me gusta España. Nunca me ha gustado y siempre me he considerado la reencarnación errante de algún noble inglés que tuvo la desgracia de caer en estas tierras moras. Noto que pese a que mi reacción de cambiar de país viene motivada por mi indignación hacia la clase política y económica que rige nuestros designios, cada vez que me imagino viviendo fuera de España siento una tibia sensación que me relaja... Londres, San Francisco, Vancouver, Melbourne o New York serían mis sitios preferidos a la hora de echar raíces y que mis hijos pudieran desarrollarse en plenitud, pero de momento es tan solo un sueño.
sábado, 19 de enero de 2013
LA LLUVIA
Sábado lluvioso y ventoso. Uno de esos días que me encantan. El cielo plomizo parece cubrirnos de las inclemencias de la vida y a través de la ventana sueño con lugares lejanos como Alaska o la costa noroeste de Estados Unidos.
Puedo parecer melancólico pero quizás sea ese el estado en el que me siento más a gusto y es cuando mi imaginación vuela y juego a vivir otras vidas en otros lugares incluso en otro tiempo no excesivamente lejano pero siempre junto a los míos.
Ayer fue otro día en el que cumplí a rajatabla los preceptos de mi nueva dieta superando un duro rato en la visita a mis suegros donde fui constantemente agasajado con cerveza, vino y otras viandas nada recomendables. Ingerí en las dos horas que pasamos allí tres vasos de agua y unos 100 gramos de jamón serrano y pese a que especialmente por la tarde pasé un rato un tanto crítico y que Bea insistió en preparar una tortilla de patata, al final no cedí a las tentaciones y hoy me siento satisfecho. Satisfecho porque ese es el camino. Mostrarme inflexible ante las múltiples tentaciones que se presentan y no decaer ni tan solo un instante.
Mi asignatura pendiente ahora es el deporte. Esta semana fui el miércoles a correr pero eso ha sido todo. Nueve kilómetros en los que me sentí débil y en los que empleé cinco minutos más que lo habitual y aunque no me hizo sentirme satisfecho, comprendí que es un comienzo y que como todos los comienzos están jalonados de dificultades peor que vislumbrando claramente la meta, nada podrá detenerme. Me gustaría salir a correr tres veces por semana y nadar otro par de días. Con eso presiento que alcanzaré la armonía cuerpo/alma que pretendo aunque he de reconocer que las dificultades laborales son otro handicap a salvar.
En esta semana que llevo con "mi nueva vida" he aprendido que la llave del éxito está en nuestra mente y que cultivar la disciplina y la constancia son las únicas armas con las que cuento. Regenerar mi cuerpo y atemperar mi espíritu van a llevarme a un estado que adivino perfecto y sin tener pruebas empíricas en las que apoyar mi tesis, cuando pienso en las consecuencias de mis nuevas normas vitales siento un bienestar indescriptible en mi interior.
Mientras escribo esto pienso en lo que voy a desayunar y decido abrir una piña natural con aspecto jugoso, bien acompañado de un vaso de leche y una rebanada de pan tostado con aceite de oliva virgen. Tengo la sensación de algo sabroso y rico y pienso en todos los beneficios que puede traer a mi cuerpo y a mi mente. No quiero parecer el miembro de una secta o un fanático seguidor de algún dios pagano pero últimamente siempre imagino los órganos de mi cuerpo mirándome aliviados y complacidos por lo bien que los mimo últimamente.
Puedo parecer melancólico pero quizás sea ese el estado en el que me siento más a gusto y es cuando mi imaginación vuela y juego a vivir otras vidas en otros lugares incluso en otro tiempo no excesivamente lejano pero siempre junto a los míos.
Ayer fue otro día en el que cumplí a rajatabla los preceptos de mi nueva dieta superando un duro rato en la visita a mis suegros donde fui constantemente agasajado con cerveza, vino y otras viandas nada recomendables. Ingerí en las dos horas que pasamos allí tres vasos de agua y unos 100 gramos de jamón serrano y pese a que especialmente por la tarde pasé un rato un tanto crítico y que Bea insistió en preparar una tortilla de patata, al final no cedí a las tentaciones y hoy me siento satisfecho. Satisfecho porque ese es el camino. Mostrarme inflexible ante las múltiples tentaciones que se presentan y no decaer ni tan solo un instante.
Mi asignatura pendiente ahora es el deporte. Esta semana fui el miércoles a correr pero eso ha sido todo. Nueve kilómetros en los que me sentí débil y en los que empleé cinco minutos más que lo habitual y aunque no me hizo sentirme satisfecho, comprendí que es un comienzo y que como todos los comienzos están jalonados de dificultades peor que vislumbrando claramente la meta, nada podrá detenerme. Me gustaría salir a correr tres veces por semana y nadar otro par de días. Con eso presiento que alcanzaré la armonía cuerpo/alma que pretendo aunque he de reconocer que las dificultades laborales son otro handicap a salvar.
En esta semana que llevo con "mi nueva vida" he aprendido que la llave del éxito está en nuestra mente y que cultivar la disciplina y la constancia son las únicas armas con las que cuento. Regenerar mi cuerpo y atemperar mi espíritu van a llevarme a un estado que adivino perfecto y sin tener pruebas empíricas en las que apoyar mi tesis, cuando pienso en las consecuencias de mis nuevas normas vitales siento un bienestar indescriptible en mi interior.
Mientras escribo esto pienso en lo que voy a desayunar y decido abrir una piña natural con aspecto jugoso, bien acompañado de un vaso de leche y una rebanada de pan tostado con aceite de oliva virgen. Tengo la sensación de algo sabroso y rico y pienso en todos los beneficios que puede traer a mi cuerpo y a mi mente. No quiero parecer el miembro de una secta o un fanático seguidor de algún dios pagano pero últimamente siempre imagino los órganos de mi cuerpo mirándome aliviados y complacidos por lo bien que los mimo últimamente.
viernes, 18 de enero de 2013
INOCENCIA INTERRUMPIDA
Vuelvo a despertarme con la sensación de haber descansado. Es increíble cómo el mero hecho de variar nuestros hábitos alimenticios puede cambiar nuestras vidas. Ratifico igualmente mi cambio de humor que hace que grite menos, que sea menos irascible y eso me da paz. Con todo lo que me está cayendo ahora encima, es encomiable que me muestre aparentemente tan sereno y relajado.
Ayer fui a correr por primera vez en 20 días y lo cierto es que me sentí extremadamente débil. Fue así que finalicé el recorrido que habitualmente hago en 49', en algo menos de53'. Un tiempo deleznable pero pese a ello no me sentí frustrado. Siento plenamente que estoy disputando una prueba de fondo y tengo que ir paso a paso, con constancia y decisión. Sólo así lograré alcanzar mis metas aunque cada vez soy más consciente que en el caso que nos atañe, la meta que ansío alcanzar es la del bienestar físico y mental, y eso presiento que lo lograré a poco que no decaiga en mi actitud.
Visité a Carmen, la doctora, con el fin de que me recetara los medicamentos que me mandaron en el Hospital y la verdad es que se tomó un poco a sorna el tema del azúcar. Yo me sentí un tanto indignado pero a la vez me tranquilicé y nos citamos al mes de mayo para realizar unos análisis a conciencia en los que determinaría si realmente estoy en el umbral de la diabetes o fue tan solo una falsa alarma gracias a la cual encontré el camino del bienestar. Para esa fecha faltan unos cuatro meses, tiempo en el cuál me gustaría pesar 82 kilos y tener el índice de glucosa en sangre por debajo de 100. Creo que si sigo firmemente con la tabla alimenticia que me he fijado y aumento mi carencia de ejercicios, no será muy complicado llegar a esos baremos.
Cuando en otras ocasiones me he fijado metas de esta índole, siempre imaginaba al final del trayecto un opíparo banquete donde me resarciera de tantos sacrificios inhumanos. Curiosamente en esta ocasión no es así. No me apetece darme un atracón exacerbado repleto de carbohidratos y grasas polisaturadas. Me gusta pensar en aquel bañador verde de Billabong que Bea me compró hace tres veranos y que todavía no he podido estrenar. Recuerdo que por aquellos tiempos había adelgazado del orden de 7 u 8 kilos. El motivo creo que fue la boda de Marta y David y llegué a tener un tipín de lo más agraciado. Bea trajo de Nassica ese bañador pero no había forma de que entrara en mi cintura. Pues bien, esa es una de mis metas. Zambullirme este verano en la piscina con él puesto. Veremos a ver...
Me he despertado con la confesión fresca del ciclista Amstrong admitiendo su dopaje en su carrera de modo sistemático y alevoso. Pese a la conmoción mundial, a mí la noticia no me ha producido ni frío ni calor. Yo crecí al abrigo de la sombra espigada de Induráin y pese a que sospecho que el navarro tampoco tuvo que subir los puertos franceses sólo con sobaós, miraré para otro lado y seguiré manteniendo fresca en mi memoria aquella imagen en la contrarreloj de Futuroscope en la que dobló a Chiapucci con una sonrisa bonachona y unas piernas de magnesio.
Ayer fui a correr por primera vez en 20 días y lo cierto es que me sentí extremadamente débil. Fue así que finalicé el recorrido que habitualmente hago en 49', en algo menos de53'. Un tiempo deleznable pero pese a ello no me sentí frustrado. Siento plenamente que estoy disputando una prueba de fondo y tengo que ir paso a paso, con constancia y decisión. Sólo así lograré alcanzar mis metas aunque cada vez soy más consciente que en el caso que nos atañe, la meta que ansío alcanzar es la del bienestar físico y mental, y eso presiento que lo lograré a poco que no decaiga en mi actitud.
Visité a Carmen, la doctora, con el fin de que me recetara los medicamentos que me mandaron en el Hospital y la verdad es que se tomó un poco a sorna el tema del azúcar. Yo me sentí un tanto indignado pero a la vez me tranquilicé y nos citamos al mes de mayo para realizar unos análisis a conciencia en los que determinaría si realmente estoy en el umbral de la diabetes o fue tan solo una falsa alarma gracias a la cual encontré el camino del bienestar. Para esa fecha faltan unos cuatro meses, tiempo en el cuál me gustaría pesar 82 kilos y tener el índice de glucosa en sangre por debajo de 100. Creo que si sigo firmemente con la tabla alimenticia que me he fijado y aumento mi carencia de ejercicios, no será muy complicado llegar a esos baremos.Cuando en otras ocasiones me he fijado metas de esta índole, siempre imaginaba al final del trayecto un opíparo banquete donde me resarciera de tantos sacrificios inhumanos. Curiosamente en esta ocasión no es así. No me apetece darme un atracón exacerbado repleto de carbohidratos y grasas polisaturadas. Me gusta pensar en aquel bañador verde de Billabong que Bea me compró hace tres veranos y que todavía no he podido estrenar. Recuerdo que por aquellos tiempos había adelgazado del orden de 7 u 8 kilos. El motivo creo que fue la boda de Marta y David y llegué a tener un tipín de lo más agraciado. Bea trajo de Nassica ese bañador pero no había forma de que entrara en mi cintura. Pues bien, esa es una de mis metas. Zambullirme este verano en la piscina con él puesto. Veremos a ver...
Me he despertado con la confesión fresca del ciclista Amstrong admitiendo su dopaje en su carrera de modo sistemático y alevoso. Pese a la conmoción mundial, a mí la noticia no me ha producido ni frío ni calor. Yo crecí al abrigo de la sombra espigada de Induráin y pese a que sospecho que el navarro tampoco tuvo que subir los puertos franceses sólo con sobaós, miraré para otro lado y seguiré manteniendo fresca en mi memoria aquella imagen en la contrarreloj de Futuroscope en la que dobló a Chiapucci con una sonrisa bonachona y unas piernas de magnesio.
jueves, 17 de enero de 2013
REENTRÈ
Un mes después más o menos de la creación de este blog, sucedió lo que tantas otras veces. Todas las buenas intenciones de adelgazar, vida sana y disciplina originadas en aquel lejano día, se diluyeron apenas 24 horas después y los miedos y frustraciones que no me dejan dormir desde hace tanto que apenas podría recordarlo, volvieron a tener consuelo en ingentes cantidades de macarrones y litros y litros de Coca-Cola Light. Pero la semana pasada tuvo lugar un suceso que cambió mi vida. La noche del miércoles al jueves sufrí unos terribles dolores estomacales que acabaron por llevarme a urgencias donde me aplicaron una medicina intravenosa y dictaminaron que había sufrido un corte de digestión. Aprovecharon para hacerme una analítica completa y allí fue donde advertí con estupor que mis índices de glucosa comenzaban a lindar los límites de lo permitido y dado que mi dilecto padre es un diabético empedernido, me acochiné en tablas y desde ese mismo instante decidí cambiar mis hábitos alimenticios que dicho sea de paso, eran radicalmente opuestos a los cánones establecidos por los garantes de la salud. Sin ingerir alimento alguno a primera hora de la mañana, apenas un par de cafés aplacaban mis iras estomacales con lo que al llegar a casa sin apenas tiempo para acomodarme, ya estaba dando cuenta de un bocadillo de embutido mientras me preparaba el almuerzo el cuál, las más de las veces se componía de un copioso plato de pasta con sus aderezos correspondientes, todo ello bien regado por un litro de Coca-Cola Light. No volvía a probar bocado hasta que sobre las 10 de la noche y muerto de hambre, me preparaba cenas de alto valor hipocalórico, del tipo de grasientos bocadillos envueltos en salsas sospechosas. Eso cuando no repetía la dieta italiana de pasta a tutiplén. Era el resto de la macrobotella del refresco del mediodía la que me ayudaba a digerir tan indigesto banquete. Como de ese modo mi insaciable apetito no quedaba satisfecho, las más de las veces devoraba de postre media barra de pan y alguna onza de chocolate con lo que me iba a la cama completamente abotargado y en plena digestión.

Desde hace justo una semana he eliminado las bebidas carbónicas de mi dieta por completo, así como el pan. La ingesta de pasta la he reducido a una ración a la semana. He sustituido el arroz normal por la variedad salvaje y apenas pruebo la carne roja. Desayuno todas las mañanas con una rebanada de pan integral con aceite de oliva crudo, un par de piezas de fruta y una vaso de leche fresca desnatada. Tomo cinco comidas ligeras al día y doy buena cuenta de verduras y productos con fibra. Todo este cambio me ha traído unas consecuencias que ahora paso a enumerar:
- He perdido un par de kilos y eso que no he podido hacer ejercicio hasta ahora.
- Duermo. Hasta ahora las noches eran insomnes y molestas. Ahora me despierto descansado.
- No paso hambre en absoluto. Es raro que deje de ingerir algo en un lapso superior a las dos horas y media. Eso sí, escojo detenidamente lo que me conviene o lo que no tomando en cuenta el valor glucémico de los alimentos.
- Estoy de mejor humor, incluso pienso con más nitidez y ya no me arrugo ante los problemas que me acucian.
- Mantengo mejor relación con mi mujer y mis hijos.
Como veis todas las consecuencias son positivas y pese a que hace cuatro días volví a sufrir un ataque como el referido al inicio de esta entrada, lo que me ayudó a descubrir que de lo que sufro es de cálculos en la vesícula, mi intención es mantener este tipo de vida saludable hasta los restos. He llegado a una edad en la que veo que me quedan muchos retos por cubrir y mucha vida por vivir pero que si no cuido mi maquinaria, voy a padecer una vejez llena de achaques y penalidades y no me da la gana. Por lo tanto espero reflejar en este blog las andanzas que me lleven a un estado físico y psíquico armónico.

Desde hace justo una semana he eliminado las bebidas carbónicas de mi dieta por completo, así como el pan. La ingesta de pasta la he reducido a una ración a la semana. He sustituido el arroz normal por la variedad salvaje y apenas pruebo la carne roja. Desayuno todas las mañanas con una rebanada de pan integral con aceite de oliva crudo, un par de piezas de fruta y una vaso de leche fresca desnatada. Tomo cinco comidas ligeras al día y doy buena cuenta de verduras y productos con fibra. Todo este cambio me ha traído unas consecuencias que ahora paso a enumerar:
- He perdido un par de kilos y eso que no he podido hacer ejercicio hasta ahora.
- Duermo. Hasta ahora las noches eran insomnes y molestas. Ahora me despierto descansado.
- No paso hambre en absoluto. Es raro que deje de ingerir algo en un lapso superior a las dos horas y media. Eso sí, escojo detenidamente lo que me conviene o lo que no tomando en cuenta el valor glucémico de los alimentos.
- Estoy de mejor humor, incluso pienso con más nitidez y ya no me arrugo ante los problemas que me acucian.
- Mantengo mejor relación con mi mujer y mis hijos.
Como veis todas las consecuencias son positivas y pese a que hace cuatro días volví a sufrir un ataque como el referido al inicio de esta entrada, lo que me ayudó a descubrir que de lo que sufro es de cálculos en la vesícula, mi intención es mantener este tipo de vida saludable hasta los restos. He llegado a una edad en la que veo que me quedan muchos retos por cubrir y mucha vida por vivir pero que si no cuido mi maquinaria, voy a padecer una vejez llena de achaques y penalidades y no me da la gana. Por lo tanto espero reflejar en este blog las andanzas que me lleven a un estado físico y psíquico armónico.
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