Siento un amor inmenso por mis hijos lo que hace que en estos duros momentos en los que mi futuro profesional se hunde en el fango, la angustia por su supervivencia me ahoga mientras miro el reloj avanzando impasible sin nada que me de consuelo. Permanezco bloqueado con un sinfín de proyectos pero sin que ninguno llegue a materializarse lo que hace que me desespere y no sea capaz de asumir la situación en la que me encuentro. Confianza ciega en el azar es una de las rocas a las que me aferro pero las otras se muestran resbaladizas y quebradizas con lo que la sensación de flotar en el vacío es constante. Quiero a mis hijos con todas mis fuerzas y tengo que salir de ésta antes de que la situación se torne irreversible, pero, ¿cómo?...
Mi dieta sigue por los mismos derroteros. Hace casi dos semanas que no pruebo ni el pan ni la Coca-Cola y ya noto una disminución en el volumen de mi estómago. Dentro de la angustia que me corroe últimamente, mi perseverancia es algo a lo que me aferro como punto positivo en mi trayectoria vital. El paso que me falta dar es el del deporte aunque con el frío que hace últimamente y mi cabeza que anda preocupada por la situación laboral, busco más excusas que alicientes a la hora de lanzarme a sudar la gota gorda. Habrá que redoblar los esfuerzos. Creo que la única manera de salir de ésta es eso, esforzarme al máximo, luchar por los objetivos de Guinea Ecuatorial mientras que trato de vender los malditos filtros que han acabado por llevarme a la ruina.
Vuelvo a tener miedo a que amanezca y pese a que ahora duermo profundamente, los temores que me atenazan son más poderosos y me despiertan sobre las 5 de la mañana con su letanía de muerte. Me gusta encontrar consuelo metiéndome en la cama con Aidan, mi hijo pequeño. Me acurruco junto a él, le digo muchas veces que le quiero y es solo entonces cuando una cálida sensación atempera mis frustraciones. A veces me duermo y sueño que somos los cuatro felices muy lejos de España. Y temo despertarme...
La lucha que tengo ahora es no caer en un estado depresivo que me lleve a refugiarme en enormes platos de macarrones y litros y litros de Coca-Cola. No es la solución, y creo que hasta ahora no voy a caer en tamaña trampa.

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