sábado, 19 de enero de 2013

LA LLUVIA

Sábado lluvioso y ventoso. Uno de esos días que me encantan. El cielo plomizo parece cubrirnos de las inclemencias de la vida y a través de la ventana sueño con lugares lejanos como Alaska o la costa noroeste de Estados Unidos.
Puedo parecer melancólico pero quizás sea ese el estado en el que me siento más a gusto y es cuando mi imaginación vuela y juego a vivir otras vidas en otros lugares incluso en otro tiempo no excesivamente lejano pero siempre junto a los míos.

Ayer fue otro día en el que cumplí a rajatabla los preceptos de mi nueva dieta superando un duro rato en la visita a mis suegros donde fui constantemente agasajado con cerveza, vino y otras viandas nada recomendables. Ingerí en las dos horas que pasamos allí tres vasos de agua y unos 100 gramos de jamón serrano y pese a que especialmente por la tarde pasé un rato un tanto crítico y que Bea insistió en preparar una tortilla de patata, al final no cedí a las tentaciones y hoy me siento satisfecho. Satisfecho porque ese es el camino. Mostrarme inflexible ante las múltiples tentaciones que se presentan y no decaer ni tan solo un instante.

Mi asignatura pendiente ahora es el deporte. Esta semana fui el miércoles a correr pero eso ha sido todo.  Nueve kilómetros en los que me sentí débil y en los que empleé cinco minutos más que lo habitual y aunque no me hizo sentirme satisfecho, comprendí que es un comienzo y que como todos los comienzos están jalonados de dificultades peor que vislumbrando claramente la meta, nada podrá detenerme. Me gustaría salir a correr tres veces por semana y nadar otro par de días. Con eso presiento que alcanzaré la armonía cuerpo/alma que pretendo aunque he de reconocer que las dificultades laborales son otro handicap a salvar.

En esta semana que llevo con "mi nueva vida" he aprendido que la llave del éxito está en nuestra mente y que cultivar la disciplina y la constancia son las únicas armas con las que cuento. Regenerar mi cuerpo y atemperar mi espíritu van a llevarme a un estado que adivino perfecto y sin tener pruebas empíricas en las que apoyar mi tesis, cuando pienso en las consecuencias de mis nuevas normas vitales siento un bienestar indescriptible en mi interior.

Mientras escribo esto pienso en lo que voy a desayunar y decido abrir una piña natural con aspecto jugoso, bien acompañado de un vaso de leche y una rebanada de pan tostado con aceite de oliva virgen.  Tengo la sensación de algo sabroso y rico y pienso en todos los beneficios que puede traer a mi cuerpo y a mi mente. No quiero parecer el miembro de una secta o un fanático seguidor de algún dios pagano pero últimamente siempre imagino los órganos de mi cuerpo mirándome aliviados y complacidos por lo bien que los mimo últimamente.


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