miércoles, 30 de enero de 2013

VIVIENDO DEPRISA

Tras un fin de semana en el que cometí algún exceso que otro sin llegar al abandono total, he retomado mis nuevos hábitos sin apenas esfuerzo. Incluso he vuelto a correr a las 6:30 de la mañana con sensaciones placenteras y tiempos todavía excesivamente lentos. Hoy he vuelto a calzarme las zapatillas pero tras dos intentonas he tenido que desistir de la carrera por un intenso dolor en la pierna derecha. Espero que sea algo transitorio, sino habrá que pensar en transmutarse en ciclista.

En unas horas llegará Ángel de Ergo a Madrid y pasaré a recogerle por la estación de Atocha. Asistimos a mediodía a una de las reuniones más importantes de mi vida y la que determinará el futuro de mi familia y el mío propio. La reunión con Fidel, procónsul de Guinea Ecuatorial, en un restaurante de Fuenlabrada, nos indicará si el proyecto del banco de sangre en el país africano lleva visos de realizarse o no. Estoy nervioso pero extrañamente tranquilo, sobre todo después del día de ayer en el que diversos acontecimientos laborales me llevaron a un estado de nervios y desesperación difícilmente soportable. Son momentos duros, tensos y de incertidumbre que sin duda marcarán el devenir de los próximos años y ahora pienso que estamos a la misma distancia de tener el futuro de mis hijos resuelto que de caer en la mayor de las miserias...

Desearía que todo se aclarase cuanto antes y poder permitirme el lujo de disfrutar de quince días seguidos de vacaciones para poder disipar esos terrores que durante los últimos dos años han hecho de mí una sombra de lo que fui.

Volviendo a la dieta, veo que no me supone mucho sacrificio el llevarla a cabo aunque por la noche, a eso de las 10 de la noche, un pinchazo en el estómago viene a recordarme mis viejos tiempos de excesos y suelo mitigar esta tentación con una rebanada de pan integral y una onza de chocolate puro. Es esta una costumbre que quiero erradicar totalmente.

Espero que mis palabras de mañana sean de exacerbado optimismo y que la comida con Fidel acabe de reafirmarme en un proyecto en el que estoy dejando la vida, porque es la vida lo que me juego.

Oigo canturrear a Aidan en la habitación de al lado. El sueño acaba por abandonarle y en breves minutos se convertirá en el torbellino de vida y alegría que suele ser siempre. El problema es que cuando mentalmente estoy en baja estima o con los nervios a flor de piel, lo que en otros momentos me parece gracioso, acaba tornando en molestias incontenibles y desesperación.

Me voy a desayunar. Buenos días

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