Diría sin miedo a equivocarme que sigo mi dieta sana con escrupulosa disciplina, exceptuando los fines de semana, que sin llegar a ser bacanales salvajes, sí que levanto un poco el pie del acelerador sirviendo de terapia mental. Este fin de semana, el disparate vino en forma de huevos fritos, bacon y salchicha que mi pequeño Oliver se empeñó en almorzar el sábado, seguramente influenciado por esas series de adolescentes americanos que suele devorar en la tele últimamente. No sé negarle nada a mi hijo, ni puñetera la falta que le hace, pero reconozco que fue un puñetazo en mi todavía maltrecho organismo, sobre todo después de las dosis que le inyecto de agua, frutas y fibras varias al que lo someto en los últimos tiempos.El pasado jueves recibí la llamada de mi amigo David el bombero. Fue como un soplo de aire fresco en medio de tanta tensión laboral, y malos rollos. David es ese tipo de personas que su simple contacto visual me lleva a un estado de relajación. Una de esas personas con las que te irías a cualquier parte sin dudarlo, y de hecho, es con quien todos los años suelo perderme cuatro o cinco días en busca de aventuras montañeras y charlas distendidas. Una de esas personas que cada varios años te encuentras en tu periplo vital y pasa a engrosar el escaso bagaje de gente que merece la pena haber conocido. Un día de estos echaré un vistazo en tan peculiar saca y enumeraré sus miembros, así de paso me meto una dosis de recuerdos que últimamente ando un poco escaso de autoestima.
Echando la vista atrás en esta bitácora que poco a poco va cogiendo forma, advierto que no hago especial hincapié en la calidad literaria. Me remito a expresar aquello que en ese momento pasa por mi cabeza sin tener en cuenta formalismos ni estética. Puntualizo esto porque la finalidad de este conjunto de regüeldos mentales no es otra que algún día mis hijos puedan acercarse un poco más a la figura de su padre y que pese a los innumerables errores que cometí, la única finalidad de mi existencia fue su felicidad.
A las 6:19 de la mañana estoy ante una terrible diatriba. Ahora debería levantarme y salir a correr pero el cuerpo me pide seguir sentado frente al ordenador escupiendo tonterías. Es esta pereza cognitiva la que me tiene extasiado pero es difícil salir de ella. Me acabo de proponer el ir a correr luego a mediodía aunque una voz en mi interior me dice que me estoy engañando. Ya no yo mismo creo en mí. Fuera llueve y eso declina la balanza hacia mi egoísmo. No me siento bien ni mal, probablemente porque escribir esta especie de diario me está dando estabilidad y visión panorámica.
Mañana me voy a Asturias a las 4 de la mañana. No son las circunstancias lógicas en las que me hubiera gustado conocer el Principado pero la supervivencia en los tiempos actuales lleva a circunstancias extremas de las que estoy acostumbrado a bregar con ellas.
Sigue cayendo la lluvia y poco a poco la oscuridad irá tornando en un gris plomizo, símbolo de tristes presagios que espero no se cumplan jamás. Oliver y Aidan son dos personas muy especiales con ese toque mágico que sólo reciben los elegidos. Ellos no pueden saberlo ahora pero está ahí. Y además es imparable, y yo me siento orgullosos porque es un arma poderosa que en el futuro les va a servir de gran ayuda. Os quiero, hijos.
Este invierno está siendo como los que a mí me gustan: húmedo, frío y ventoso. Vamos, el invierno en todas las acepciones de la palabra. Pero no puedo disfrutarlo como quisiera. Lo malo es que dentro de nada volveremos a la angustia del verano, del calor sofocante, de los sudores pegajosos, de los malos presagios. ¿Estaré condenado a vivir una sola estación? Prefiero arder eternamente en el infierno.
Fantástica la entrevista a Luis Alberto de Villena en Jot Down. Dentro de la oscuridad que me toca vivir de dos años a esta parte, tengo la inmensa fortuna de ir creando una existencia tupida en la que solo tienen cabida mis intereses propios. Aquí puede nacer la luz.
Evidentemente no he ido a correr a mediodía aunque la persistente lluvia me ha servido de excusa fiable. En contraposición voy a darle un lavadito de cara a mi blog.
Sigue lloviendo sin descanso. Tanta confortabilidad me abruma. ¿Serán negros presagios?
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