sábado, 9 de marzo de 2013

LA MAGIA DEL CINE

Anoche fui al cine con mi chica. Hacía un par de años que no disfrutábamos una sesión cinematográfica juntos y fue un momento muy especial. Lástima que la película elegida no acompañó tan excitante momento. Entre todas las cintas elegibles fuimos a escoger la peor de toda la cartelera: "Los amantes pasajeros" de Pedro Almodóvar. Lo peor de todo es que pagamos 21€ por pasar hora y media sufriendo y sintiendo vergüenza ajena, lo que en los tiempos de crisis que corren es una temeridad. Merezco toda la penitencia que se me aplique pues horas antes había leído la crítica de Carlos Boyero en El País y el cineasta manchego recibió cera hasta en el carnet de identidad. Creí que dada la animadversión que mi admirado periodista tiene por el director, la crítica era sesgada y parcial. Nada más lejos de la realidad. Incluso añadiría que Boyero pecó de complaciente. Almodóvar, autor de películas maravillosas como "Mujeres al borde de un ataque de nervios", "Hable con ella" o "Todo sobre mi madre", ha perdido toda la frescura y la fuerza que le caracterizó durante buena parte de su carrera y lamentablemente no las ha repuesto con un poso de sapiencia o saber estar, propio de directores geniales que con el paso del tiempo se mimetizan con diversas posturas.

Pero el cine es magia, culto a los sentidos. Adentrarse en una sala oscura con rango de liturgia sigue siendo un acto ecuménico, un rito glorioso. El cine siempre será el último rincón donde puedes encontrarme, el templo sagrado de todos mis sueños.

Me llama la atención el público variopinto que acude a la proyección. En una sala atiborrada, destacan grupos de personas de mediana edad, entre 50 y 60 años. Pese a mi aturdimiento inicial, enseguida recapacito y pienso que esas personas eran veinteañeros cuando Almodóvar se hacía un hueco en el olimpo patrio cinematográfico. Modernos de la movida influenciados por las excentricidades de una época lisonjera. Ahora sólo los recuerdos alimentan sus vidas fracasadas y, al igual que Almodóvar, piensan en lo que fue y en lo que nunca volverá envueltos en olor a naftalina.

Cagada con la cena de anoche en Friday's. No por lo sabrosa que fue ni por sus reminiscencias nostálgicas de mi espíritu yankee, sino por las infinitas calorías con las que castigué a mi cuerpo. Ahora voy a dar un largo paseo con Lua para apaciguar a mi colesterol.

Paseo relajante con una buena selección de temas de Jazz y leyendo "En la frontera" de Cormac McArthy. Barro por todas partes pero Lua disfrutando como un conejo. Sin desayunar, recoger a mis hijos después de una noche sin ellos es una actividad reconfortante. Te das cuenta de lo mucho que te quieren, de lo poco que les gusta alejarse de tu manto protector y esa es una sensación inigualable.

Sábado tranquilo, asomado a esa ventana que es Internet y que hoy me ha llevado de brunch por NY. Edificante...

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