Viandas sabrosas para una batalla amarga con regusto a venganza y odio irreconciliable. No me gusta mi adversario porque en ningún momento ha sido brillante. Sólo mi obcecación por diseminar sus pedazos por todo el territorio, le dotó de cierto respiro pero al final sorbió el sabor de la derrota. Ahora sí que repartiré sus hígados entre los buitres que esperan ansiosos su botín.

Duelen las heridas pero son las heridas del triunfo. Con resuello y pocas fuerzas, retomo el camino de vuelta para saborear un triunfo que merezco aunque solo sea por la perseverancia en el objetivo. Ya no queda nada del cadáver que no hace mucho me hizo dudar. Ni una sola línea más pienso escribir de él. Tampoco lo merece. Gracias hermano...
He estado viendo "Laura" por enésima vez y sigo sin encontrar un rostro tan fascinante como el de Gene Tierney. Qué capacidad de enamorar a todo aquel que se le acerque...
Vieiras, anchoas de Santoña, chipirones de Guetaria, bacalaó al pil-pil, jamón de Jabugo... Así siempre podemos dialogar como plazcas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario