Hoy mi barco ha encallado en la isla de los sueños inconclusos. Me habré despistado en la inmensidad del blanco de mi techo desde donde se reflejaba la única estrella que asomaba por la ventana. Aprovechando la escala forzosa, he ido hasta el pozo donde dormitan mis metas lejanas, esas que un día dieron sentido a una vida que hoy intuyo difusa.
Hubo una vez que quise bordear Menorca en kayac, ascender al Kilimanjaro en calzones cortos, como un día hiciera en el Perdido. Quise degustar un menú en el Bulli mientras Chet Baker me masajeaba las orejas ante la lánguida presencia de Sade. Deseé que Tony Benett me cantara "Happy Birthday" un 19 de Mayo cualquiera; quise ver atardecer en el Serengueti mientras apuraba una botella de Dom Perignon; anhelé meter el triple final que diera el enésimo anillo a mis orgullosos verdes y siempre quise estar sentado entre Woody Allen y Diane Keaton en una de esas delirantes tertulias en el Up Town neoyorquino.
Y hoy estoy varado entre rocas, entrando agua por varias vías y sin provisiones ni fuerzas. Pero todavía me queda un aliento para soñar que Lauren Bacall aparece tras aquellas palmeras y se acerca hasta mí para susurrarme: ¿tienes fuego, muñeco?...
Varias buenas noticias han venido a insuflar vitalidad a mi cuerpo. Parece que no está todo perdido.Veremos...

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