miércoles, 11 de septiembre de 2013

LLUVIA

Fuera en la calle está lloviendo. Lúa se refugia debajo de la mesa mientras ve repicar las gotas contra el suelo. Me gusta verla tranquila, feliz, ajena a los problemas que nos asaltan tras la valla del jardín. Ella allí es la dueña y señora. Campa a sus anchas con la única compañía de Fran, la tortuga que no osa violentar el rango jerárquico ganado con el paso de los años.
En estos días tan convulsos y estresantes, me gusta mirar a mi perra. Me transmite la serenidad que turba el día a día. Cuántas veces he soñado ser perro. Tan nobles, tan majestuosos. Sin más problemas que mantenerse vivos...
Hoy parece que el verano se ha ido. Deben ser las ganas que tengo, aunque la lluvia ayuda. Trato de disipar las malas vibraciones que año tras año traen los calores sofocantes pero creo que es una batalla perdida. Tendré que focalizar mis energías en otras luchas en las que pueda tornarme vencedor.
Y mis hijos en el colegio. Y yo en mi despacho, al menos físicamente porque mi espíritu está bordeando los acantilados de la isla de Skye en Escocia, desde donde algún día  de hace muchos, muchos años, algún antepasado mío contemplaba una tormenta como la que ahora está azotando Leganés. Hacía años que no oía un trueno. Delicia para mis oídos. Son estos los momentos que trato de saborear por escasos. Pienso en Oliver con su polo de manga corta pasando frío y por un momento se me encoge el alma pero Oliver es fuerte, es un luchador y no se amilana ante una tormenta veraniega. Es un ser tocado por los dioses. Por eso va a ser eterno. Aunque se ría cuando se lo susurro al oído. Tiene magia emanada de La Odisea. Pero él todavía no lo sabe...

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