Hoy después de varios días sin pasar por mi rincón favorito, vengo a contar que he terminado mis sesiones con el fisioterapeuta y creo que me ha curado la pierna. Álvaro es un Dios con esas manos vigorosas y que tanto dolor transmiten cuando friccionan con fuerza mi pierna derecha y mientras me reprimo de reventarle la cara de un puñetazo, una lágrima asoma a tan dantesco espectáculo para poco después, invadirme una sensación de bienestar como no recordaba hacía tiempo. Al poner los pies en el suelo, pese a notar la pierna entumecida por la tunda recibida, el dolor de la tibia ha desaparecido y, no me digas por qué, presiento que voy a volver a correr con normalidad, sin el temor a que el dolor devore mi espíritu positivo. Volver a ver amanecer desde Parque Polvoranca con Lúa trotando a mi lado... Estoy deseando a que llegue mañana. Gracias, Álvaro. No sabes lo que esto significa para mí.Por lo demás, dos semanas muy intensas con mis amigos guineanos. Se va cerrando el cerco y poco a poco voy ganándome la confianza del pez gordo. Esto promete...
Mi dieta no la he abandonado pero tampoco la llevo a rajatabla. Ahora que el infierno de la inactividad se ha acabado, veremos los verdaderos resultados.
Por cierto, el dolor que padecía era razón más que suficiente para no correr. No era excusa barata. Lo que no se creía el fisio es que en esas condiciones hubiera sido capaz de correr ni siquiera un paso...
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