jueves, 16 de mayo de 2013

NADA

Los vaivenes de la vida acaban por agotarme. Sube, baja, espera, corre, para, salta, dónde, por qué... El cansancio anida en mi espíritu y ya forma parte de mi devenir diario. Cuántas noches sueño con dormir y me despierto consciente de que mis ojos llevan una eternidad sin cerrarse. Pensamientos claustrofóbicos que me asaltan a cada minuto y todavía no he aprendido a esquivarlos. ¡Malditos sean!
Quisiera pasar de puntillas pero el estruendo me aturde y me desorienta. Hace tanto que perdí la brújula que no recuerdo dónde sucedió.
Esquivas la mirada de tu pareja por miedo a que lea más de lo que debe. Los densos silencios gritan hasta dejarnos roncos y entonces ya no hay mucho más que decir. Abro la ventana con la falsa esperanza de que el viento tormentoso se lleve los malos augurios pero entonces llega la calma. Esa calma mortecina que adormece los espíritus inquietos mientras nuestros silencios se siguen reprochando nuestra lánguida existencia...

La pierna ha mejorado ostensiblemente pero persiste alguna ligera molestia. Haré caso a Álvaro y esperaré un día más. La melancolía se ha comido a la euforia y yo me dejo llevar.

Pese a todo hoy tengo ganas de hablar.Quizás necesite desahogarme y éste sea un modo como otro cualquiera. Intento averiguar el modo de desnaturalizarme. Vamos, de finiquitar mi carnet de españolito, mi pasaporte. Parece complicado. Es curioso que alguien que nazca con el sexo equivocado, tenga toda clase de ayudas y medios para cambiarlo como quien cambia de camisa y yo, que lo único que quiero es que en mis documentos oficiales no figure la coletilla de español por la gracia de Dios, y ponga algo como camerunés, coreano o yanki, no hay forma humana de conseguirlo. De todos modos mi espíritu ha renunciado oficialmente a su nacionalidad hispana y eso, de momento, me vale.

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