viernes, 10 de abril de 2015
TOMMASO Y LA NOSTALGIA
Me gusta pasar las tardes en casa de Tommaso, allí donde la Toscana explota en mil colores solo posibles en los pinceles de Cezanne o Pisarro. Allí donde el aroma a olivo se mezcla con el salitre lejano del Mediterráneo. Allí donde los atardeceres ayudan a contener la respiración mientras la tierra se hincha con deje de trufa. Mientras Bibi saca un poco de salchichón de Volterra y un plato de aceite de oliva de un verde agitanado donde el pan se sumerge ufano, Tommaso y yo charlamos de nuestras andanzas allá cuando nos conocimos viviendo en Londres. Y ese sabor a nostalgia añeja se mezcla con la cera de muebles moldeados por las manos artesanas de su vecino Artaccio, y nos atusamos las barbas que ya se adivinan canas mientras una botella de Montalcino nos aflora unos ojos vidriosos. Los niños corretean entre las coles y los arbustos de salvia y nosotros permanecemos lejos de allí donde la memoria se atreve a escondernos. Bendita rutina...
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