domingo, 12 de abril de 2015

EL PODER DE LA MENTE

El ser humano como individuo es algo muy parecido a la perfección. Posee una capacidad de supervivencia superior a la de cualquier otro animal sobre la faz de la Tierra y es capaz de crear belleza partiendo de la nada. El problema del ser humano es cuando se agrupa con otros de su especie. Entonces surge un ser estúpido e incapaz de mantener los valores que como individuo lo hacen tan poderoso. Crea una serie de normas en pos de una convivencia civilizada pero casi todas ellas son antinatura y eso le hace nadar contracorriente, crear tensiones y derivar a situaciones autodestructivas. Es una extraña paradoja pero el hombre, aglutinado en sociedad, crece para dominar y someter al hombre. Y eso es algo que vengo observando durante los dos últimos meses, justamente desde un encuentro que tuve en Dubai con una persona que ha cambiado mi vida. Cuando más hundido me encontraba, cuando no hallaba solución a ninguno de mis problemas y tenía la sensación que una y otra vez trataba de derribar un muro a cabezazos, mi buen amigo Evaristo vino a mostrarme que tras esa pared había un camino que me llevaba a lo que perseguía con tanto ahínco. Evaristo me mostró que todos los problemas los creamos nosotros a partir de pensamientos negativos o, como dice él, de pensamientos derivados del miedo. Y cuánta razón tenía. No voy a explicar en este post las teorías de la bioneuroemoción pues invito a todo aquel que me lea a que indague en ella a través de Internet. Tan solo diré que la resolución a nuestros problemas, a nuestros miedos y a nuestras angustias, la tenemos en nuestra cabeza. Quién lo diría. Tan fácil. Tan cerca. Y tan cierto. Tan cierto como que desde que sigo los consejos de Evaristo, mi vida es otra, más llena, más placentera, más plena. Reconozco que todavía tengo severas recaídas, que necesito aprender a controlar y eliminar los pensamientos provenientes del miedo que todavía me atenazan en noches oscuras, pero estoy plenamente convencido de que ese es el camino y voy a seguirlo sin mirar atrás.
Lo más sorprendente son las propiedades curativas que conllevan el seguimiento disciplinario de esta doctrina. Cuando me encontré con Evaristo en Dubai, me preguntó si tenía algún achaque físico y le hice mención a mis constantes ataques de vesícula que tanto me atormentan cada dos o tres meses. Me explicó que todas y cada una de las enfermedades que padecemos tienen su origen en pensamientos o sucesos negativos que nos crean un trauma interno el cuál se enquista y es como se desarrollan las enfermedades, desde un simple resfriado hasta el cáncer más virulento. La curación a esos males se produce cuando eliminas de tu interior esos pensamientos negativos. Traté de recordar qué terrible suceso acaeció cuando sufrí el primer ataque de vesícula y no tardé en relacionar alguien y algo con tan doloroso acontecimiento. Cuando logré sacudírmelo de mí, tuve una extraña sensación de alegría y hoy me invade el firme convencimiento de que nunca más voy a padecer ataque alguno relacionado con la vesícula.

Hace unos quince días que sufría un terrible dolor en mi espalda que me despertaba sobre las tres de la madrugada y ya no me dejaba dormir. Hace tres días llamé a Evaristo y evidentemente me dijo que tenía que averiguar qué acontecimiento me estaba atando y se manifestaba con ese doloroso reflejo. Me costó un poco pero al final di con la causa del dolor de espalda. Esa misma noche dormí como un lirón. No hablamos de milagro. Hablamos del poder de la mente. Hablamos de sentido común.

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