jueves, 9 de enero de 2014

TRAGICOMEDIA

Hacía varias semanas que no tenía un día de los que yo denomino duro. Es uno de aquellos en los que llegas a casa abatido y exhausto con la amarga sensación de que nada ha salido bien y para colmo te encuentras con la incomprensión de tu pareja a la que tan solo le reclamas un hombro sobre el que descansar y sentirte reconfortado. Por el contrario paso a despojarme de mi armadura, hinco las rodillas en tierra y el cansancio y el abatimiento acaban por hacer mella. Dolorido me tumbo en el sofá y acabo mecido por las ondas de un fracaso anunciado...

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