jueves, 4 de abril de 2013

DISCIPLINA

Ayer sufrí una pequeña crisis relacionada con mis nuevos (ya no tanto) hábitos alimenticios. Y es que después de más de tres meses comiendo una dienta muy equilibrada y habiendo suprimido vicios como la CocaCola, pan, frituras y cenas copiosas, el  resultado obtenido en la báscula es desalentador. Tengo que decir que este invierno es, con diferencia, el período más largo que menos deporte he hecho en los últimos veinte años y eso es un dato demoledor. Si el año pasado fue mi prolongado ataque de gota, este año achaco tal deficiencia a mi estado mental y la crudeza de este invierno, aunque el primer dato es el más significativo. Por más que lo intento, no logro encontrar la regularidad que me lleve a realizar 4 ó 5 días de actividad deportiva a la semana y con la edad que tengo cada vez va a ser más difícil retomar el estado de forma que lucía hace no demasiado tiempo.

Momentos breves de angustia seguidos por cargas de conciencia que lastran más mi existencia. Cuando parece que todo se despeja, siempre aparece en el horizonte un nubarrón que enturbia mi paz interior. Es como una maldición que se fija a mi alma y tiene pinta de no abandonarme nunca.

Tras una animada charla con mi amigo David, esta mañana he salido a correr. Pese al barro, pese a los terribles dolores en la pierna derecha, pese a las pocas ganas iniciales, he conseguido acabar el recorrido y aunque ahora mis piernas apenas me tienen en pie, me siento dichoso. Es bonito vencer tus miedos y saber que eres más fuerte que ellos.

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