jueves, 18 de abril de 2013

SUFRIMIENTO

Hoy ha sido el segundo día consecutivo que he salido a correr y he sacado varias conclusiones. La primera es que estoy mayor. No hace ni un año, realizaba 4 o 5 sesiones semanales sin despeinarme, con una capacidad de resistencia encomiable y apenas dolores en mis extremidades inferiores. Hoy el recorrido ha sido un verdadero suplicio. Los dos primeros kilómetros he ido arrastrando literalmente la pierna derecha soportando unos dolores en la zona de la tibia angustiosos. Para colmo, cargaba todo el peso en la pierna izquierda lo que me ha creado una sobrecarga. Sobreponiéndome al pequeño calvario, he seguido la ruta y el dolor pasaba a ser soportable aunque sin desaparecer. Los siguientes cuatro kilómetros he ido preguntándome el porqué de esos dolores sin encontrar una razón plausible que no fuera el prolongado período de inactividad del último año. En estas que, aprovechando la oscuridad, Lúa casi da buena cuenta de un ánade despistado. Gracias a Dios que he estado atento y he tirado de la correa en el momento oportuno. Los últimos 3 kilómetros han estado marcados por un intenso dolor a lo largo de toda la pierna derecha. Al final una hora de recorrido cuando no hace demasiado empleaba 46 minutos. Moralmente ha sido duro. Decepcionante. Me pregunto si hago bien en seguir corriendo mientras el fantasma del abandono definitivo merodea por mis cercanías. De momento prefiero hacer caso a mi amigo David, sobreponerme a las adversidades, y dar continuidad a la actividad pedestre con el fin de fortalecer mi tren inferior y así mitigar el sufrimiento. Pienso en comprar una bicicleta de spinning y realizar la actividad en casa pero no acabo de verlo claro. Para ello necesito una buena dosis de disciplina y ya sabemos que de eso no ando muy sobrado que digamos.

Me ha parecido deleznable la acción terrorista en Boston, una ciudad con la que tengo ciertos vínculos sentimentales. Me parece absurda la ignominia humana, pero no logro sacar de mi cabeza la imagen en Siria de un padre llevando en brazos el cadáver de su hijo de 10 años. Pudiera ser Óliver, y sin embargo nadie repara en él. El ser humano es deleznable.

Va pasando el día y la recuperación de la pierna ha sido milagrosa. Ahora no padezco ningún dolor y mi estado de ánimo me empuja a volver a correr mañana. Espero que sea así...

El calor, uno de mis mayores enemigos, está atacando con toda su virulencia. Espero la bajada de temperaturas de mañana como agua de mayo.

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